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lunes, 28 de noviembre de 2022

QUIETO AL INTERIOR, ACTIVO AL EXTERIOR



"Dondequiera que estemos, hagamos lo que hagamos, todo lo que necesitamos hacer es reconocer nuestros pensamientos, sentimientos y percepciones como algo natural. Sin rechazar ni aceptar, simplemente reconocemos la experiencia y la dejamos pasar [estar]. Si seguimos así, eventualmente seremos capaces de manejar situaciones que alguna vez encontramos dolorosas, aterradoras o tristes. Descubriremos un sentido de confianza que no está arraigado en la arrogancia o el orgullo. Nos daremos cuenta de que siempre estamos protegidos, siempre seguros y siempre en casa.

Mingyur Rinpoché

domingo, 25 de octubre de 2015

¿INSATISFECHO? CONECTA CON LA FUENTE DE SATISFACCIÓN INTERIOR


La mente se ilumina
El descontento se desinfla
Gozas más de los placeres
Tienes más seguridad en ti mismo

Es un alivio y un placer tan grande conectarse con La Fuente. La mente está obscurecida por el estrés y la aceleración, y no puede disfrutar profundamente de la vida. Los placeres mismos se sienten superficiales y no duraderos, nos dejan insatisfechos y vacíos. Las responsabilidades nos abruman y dan temor, creando sensaciones de inseguridad.

Estamos enfocados en lo que sucede, en los problemas y dificultades externas. No conocemos nuestra posibilidad ilimitada interna. Estamos tan tensos que ni gozamos de lo que tenemos. Ni siquiera hemos explorado nuestra riqueza interior. Nos quejamos de pobreza siendo afortunados.

Deberíamos conocer el modo de conectarnos con La Fuente de Satisfacción Interior, que poseemos ya, pero ignoramos, y que transforma todo en más llevadero y feliz. Si vivimos sin estrés gozaremos más de los placeres grandes y pequeños de la vida.


Hay muchos tipos de satisfacción, pero la más alta es la interior. Hay muchos tipos de meditación, pero la más alta es la de conectarse directamente con nuestro estado natural, la Fuente de Satisfacción Interior.

domingo, 30 de marzo de 2014

LA INSEGURIDAD SUPERADA, CONFIANZA EN EL CORAZON


Hacer estallar la burbuja de la Inseguridad 
y el miedo

La verdadera clave de la seguridad mental es descansar voluntariamente en nuestra angustia, ya no resistirse a lo que es. Por más doloroso que pueda ser el hacer frente a nuestros miedos más profundos, llegaremos a darnos cuenta de que será aún más doloroso no hacerles frente. Este es un punto crucial en la práctica.

Quizás lo que hace que estemos tan llenos de angustia sea que realmente no queremos tener ningún problema. ¿No siempre hemos tenido miedo de los problemas? La sensación de que las cosas no van bien y que no hay mucho que podamos hacer no es nueva. Siempre tendremos que lidiar con el hecho de que vivir conlleva dolor.

Mucha gente viene a la meditación con la expectativa de calmarse y aliviar su estrés. Ciertamente, la meditación puede hacer esto, pues incluso las prácticas de meditación más superficiales pueden inducir sentimientos de calma. Sin embargo, cuando estamos hasta el cuello en la angustia emocional, seremos afortunados si podemos recordar siquiera el practicar meditación. Para ello deberíamos meditar con regularidad, para estar preparados para los momentos más críticos.

Cuando la claridad de la práctica se oscurece por la energía oscura y turbulenta de la inseguridad emocional, es útil tener algunos recordatorios claros y concisos para traernos de vuelta a la realidad.

4 Recordatorios para cuando nos sintamos inseguros

1 El primer recordatorio cuando nos va mal es despertar el recuerdo de la meditación.

Despertar la aspiración significa simplemente recordar y practicar la meditación. Una vez que recordamos practicar, despertar la aspiración significa que comenzamos a considerar nuestra inseguridad y angustia particular como nuestro camino de superación. En lugar de verlas como el enemigo, como algo de lo que tenemos que deshacernos, en lugar de darle realidad esencial mediante  la solidificación de los pensamientos alrededor de esa pesadez, y de hacer un drama de lo que le está pasando a mi "yo", en vez de eso aprendemos a ver la angustia como nuestra oportunidad de ver más claro y abrirnos. Nos relacionamos con la inseguridad como nuestro camino hacia el despertar.

Cuando nos encontramos en confusión, podríamos tener el pensamiento “Así no se supone  que sea la vida”. Cuando las cosas no se ajustan a nuestros deseos, por lo general sentimos que algo anda mal. Pero no es tanto que algo esté mal, lo que sucede es que nos ponemos en relación con la vida a partir de una perspectiva estrecha, basada en el miedo, la del “yo quiero”. Lo que queremos es sentirnos bien, y cuando nuestra angustia emocional no nos hace sentir bien,  casi instintivamente lo rechazamos. Nuestro malestar genera miedo, y en ese miedo encontramos aún más malestar. No es de extrañar que vayamos a tender a considerar  la angustia como el enemigo, como algo de lo cual tenemos que deshacernos.

Debemos transformar nuestra perspectiva al revés hasta entender lo que significa que las dificultades se conviertan en nuestro camino de superación de la inseguridad. La cuestión principal ya no es sólo acerca de si no nos sentimos bien, o si no nos gusta lo que está pasando. La cuestión principal es estar más despierto, para poder aprender lo que tenemos que aprender, para dejar de reprimir nuestros corazones y no rechazar el miedo. Esto no significa que nos tiene que gustar lo malo que nos toca, lo que significa más bien es que hay que abrirse a lo que suceda, y eso no depende de que tenga que gustarnos.

2 El segundo recordatorio es despertar la indagación.

La pregunta relativa a la práctica es: "¿Qué es esto, qué está pasando?” Esto no es una expresión de curiosidad ociosa, ni es una exploración analítica [No es una reflexión sobre causas y consecuencias, es sostener ‘la cosa’ presente, en silencio]. Se está despertando el deseo de conocer la verdad del momento, a través de experimentar la realidad de nuestro ser. No podremos experimentar la realidad mientras continuemos culpándonos, regodeándonos en  “pobre de mí”, tratando de escapar o negar lo que está pasando, o dando crédito a los pensamientos a los que damos poder tales como “Esto no es justo” o “Yo no puedo hacer esto” o “Esto no es para mí”. El llamado ‘reino’ del pensamiento neurótico es donde nos quedamos atascados, es donde las cosas se vuelven sólidas, oscuras e inviables. Despertar la indagación es retomar una y otra vez la experiencia del momento, a la ‘esencia’, a “lo que es real” en nuestra experiencia, lo cual es cambiante, liviano, y trabajable.

Hace varios años me enfrenté a un resultado alarmante en una prueba de detección de cáncer. Después de más pruebas, me sentí con mucho miedo a la espera de los resultados finales. Practiqué meditación, preguntándome una y otra vez: “¿Qué es esto?” La combinación de miedo y auto lástima era poderosa, al igual que el deseo de escapar, pero mi esfuerzo continuo de retorno a la realidad del momento comenzó a socavar la solidez de mi inseguridad. La pregunta [silenciosa de poner la consciencia en] “¿Qué es esto?” trabajaba como un láser en penetrar en la experiencia del miedo en sí. En un momento de inspiración, me di cuenta de que nada de lo que temía estaba sucediendo ahora ¡Ni había sucedido nunca! No había más dolor real que el generado por mis pensamientos. Esta toma de conciencia hizo explotar efectivamente la burbuja de mi inseguridad y mis temores. La idea no vino del torturarme con pensamientos catastróficos, sino de quedarse con “Lo que es” del momento. Venía de indagar, de ser curioso acerca de la realidad esencial de las cosas.

3 El tercer recordatorio en el trabajo con la inseguridad es despertar el humor.

 O al menos generar una perspectiva más amplia. Cada vez que estemos obsesionándonos con algo que está ocurriendo principalmente tan sólo en nuestros pensamientos, será útil recordar las palabras de Mark Twain: “Soy un hombre muy viejo que he tenido un montón de problemas. La mayoría de ellos nunca sucedió”.

Una forma de ampliar nuestra perspectiva es ver las dificultades como tan sólo otro aspecto de nuestro condicionamiento desplegándose por sí mismo. Cuando recordamos esto podemos decirnos a nosotros mismos, “Aquí viene otra vez.  ¿Cómo será esta vez?” Esto no es un truco para evitar enfrentar nuestros problemas o temas recurrentes, sino que es un medio para conseguir la suficiente perspectiva para poder entrar en la dificultad, sin ser abrumado por ella. Una vez, cuando mi caja de Pandora estaba bien abierta, fui a ver a mi maestra Joko Beck, para contarle lo que me estaba ocurriendo. Me sentía oscuro y sombrío, y me sentí  avergonzado de revelar que estaba experimentando tanto miedo. Ella me sonrió y dijo: “Eso es muy interesante. Echemos una mirada a todo esto”. Eso me dio la sensación de que no era de mí de quien estábamos hablando, sino tan sólo de “cosas”. Aquí había una perspectiva más amplia. No es que los temores fuesen tan sólo una ilusión y que por tanto podían ser ignorados, sino  que eran simplemente mi particular condicionamiento. Ponerlos en este contexto me permitió mirar con más ligereza “mis temores”.

4 El cuarto recordatorio es despertar la Compasión y la Bondad Amorosa.

Esta es la capacidad de llevar una atención sin prejuicios a los aspectos no deseados de mi “yo”. Este recordatorio es crucial, no se puede enfatizar lo suficiente. Es tan natural querer confirmar lo que es más negativo sobre nosotros mismos que ni siquiera pensamos en la activación de la compasión o la bondad. De hecho, gran parte de la pesadez de nuestra angustia proviene de la creencia de que debemos ser diferentes. Especialmente después de practicar algún tiempo, pensamos que no deberíamos seguir siendo tan reactivos. Pensamos que ya deberíamos estar más allá de nuestro condicionamiento. Pero la práctica no funciona de esa manera. Sin embargo, cuando ablandamos el juzgarnos tan duramente mediante la compasión y el cariño por uno mismo [compasión es acompañar en el padecimiento, para dar paz], el sentido del drama y la pesadez se aligera considerablemente.

A veces cuando la inseguridad y la angustia emocional se presentan particularmente potentes, nada de lo que hemos aprendido acerca de la meditación para la calma parece funcionar. Las reacciones emocionales densas e intensas nos pueden dejar confundidos y abrumados. En esos momentos más obscuros, una práctica sería ser consciente del centro del pecho, respirando las emociones dolorosas, mediante la inhalación, directamente hacia el Espacio en el Corazón [no se refiere al órgano cardíaco en sí, sino al Centro del ser]. Es como si estuviésemos respirando las sensaciones emocionales y físicas turbulentas directo hacia dentro del corazón. A continuación, en la exhalación, simplemente exhalamos [y nos relajamos]. No estamos tratando de hacer o cambiar nada, sino que simplemente estamos permitiendo que nuestro Centro del Corazón se convierta en un recipiente amplio de consciencia en el que experimentar la angustia. [Comprobaremos que la mente ‘contenida’ en el centro del pecho es espaciosa, y hay en ella mucho espacio, tanto, que puede contener incluso esta ‘enorme’ angustia –pero que al hacer la práctica de meditación se verá como tan sólo una pequeña nube en el vasto cielo].

[La buena noticia es que] El miedo nos lleva a ese punto más allá del cual creemos que no podemos ir. Respirar hacia al centro del pecho, llevando esa respiración directamente al Espacio en el Corazón, abriéndose tanto al dolor que incluso lleguemos a sentir como que uno  se va a morir [y nos convenceremos que uno no se muere], todo eso nos enseña que la inseguridad y la angustia no nos va a dañar. Comenzaremos a experimentar la amplitud y espaciosidad del corazón, donde nuestros más duros juicios sobre uno mismo y nuestros humores más oscuros se aligeran. Empezamos a entender que la consciencia cura, y que para abrirse a esta curación, una respiración más en el Espacio del Corazón es todo lo que se necesita.

Descansar relajadamente y voluntariamente en nuestra angustia, y ya no resistirse a lo que es, esa es la verdadera clave de la transformación emocional y mental. Por doloroso que pueda  ser hacer frente a nuestros miedos más profundos, llegaremos al punto en que es más doloroso todavía el no hacerles frente. Este es un punto crucial en la práctica de la meditación.

El sentir las limitaciones de nuestros miedos y respirándolos hacia el Espacio del Corazón nos permite penetrar las barreras de protección que nos cierran y bloquean. A medida que empezamos a ir más allá de la construcción artificial que llamamos nuestro “yo” –el asiento de toda nuestra angustia emocional– nos adentramos en un recipiente más amplio de conciencia. Veremos que nuestro drama emocional, aunque angustioso, sigue siendo tan sólo un conjunto de pensamientos, muchas veces tan sólo memorias dolorosas, tan sólo sensaciones [muchas de ellas tan sólo nerviosas, no reales]. Quiénes somos en realidad –nuestra conexión interior  básica– es mucho más grande que sólo este cuerpo, sólo este drama personal.

Haber resuelto la inseguridad una vez, dos veces, o incluso una docena de veces, no significa que nos quedaremos sin reacciones emocionales. Pero mantener la imagen más grande de la situación a la vista nos ayuda a no perdernos en nuestra angustia tan rápidamente, tan intensamente, o durante el tiempo que nos acongoje. Finalmente empezaremos a entender e incluso a creer que todos nuestros problemas y temas recurrentes son viables.


Traducido, editado y adaptado de un fragmento del libro Being Zen por Ezra Bayda, quien escribe y enseña en el Zen Center de San Diego, y publicado en la revista budista Tricycle

martes, 11 de junio de 2013

MEDITAR –SUPERAR INSEGURIDAD Y MIEDO

La monja budista Pema Chodron: "Sonríele al Miedo"


Cuando todo se derrumba.

Extractos del libro de Pema Chodron, maestra budista.



Embarcarse en el camino espiritual es como meterse en un bote muy pequeño y aventurarse en el océano en busca de tierras desconocidas. Cuando practicamos de todo corazón nos sentimos inspirados, pero antes o después acabamos encontrándonos con el miedo.



En la meditación intuitiva comenzamos practicando la conciencia del instante, estar plenamente presentes en todas nuestras actividades y pensamientos. Después escuchamos las enseñanzas sobre el vacío y enfrentamos el reto de conectar con una claridad mental abierta e ilimitada. Las enseñanzas del Vajrayana nos introducen a trabajar con la energía en todas las situaciones y nos hacen ver que cualquier cosa que surja es inseparable del estado de Despertar.



El miedo es una experiencia universal; lo sienten hasta los insectos más pequeños.



Sentir miedo cuando nos enfrentamos a lo desconocido no es algo terrible; más bien es una parte integral del hecho de estar vivos y que todos compartimos. Reaccionamos ante la posibilidad de encontrarnos con la soledad, con la muerte, ante la posibilidad de no tener nada a lo que agarrarnos. El miedo es una reacción natural al acercarse a la verdad.



Pero si nos comprometemos a quedarnos donde estamos nuestra experiencia se vuelve muy vivida; las cosas se ven muy claras cuando no hay escape posible. Cualquiera que esté en el límite de lo desconocido, plenamente en el presente sin punto de referencia, experimenta la ausencia de base o fundamento, de un lugar donde agarrarse. Cuando nuestra comprensión se hace más profunda descubrimos que el presente es un lugar muy vulnerable, lo que puede ser una experiencia absolutamente enervante y al mismo tiempo absolutamente tierna.



De lo que estamos hablando es de llegar a conocer el miedo, de familiarizarnos con él, de mirarle directamente a los ojos; no como una forma de resolver los problemas, sino como una manera de deshacer completamente las viejas maneras de ver, oír, oler, saborear y pensar. La verdad es que, cuando realmente comencemos a hacerlo, nos encontraremos con que somos humillados continuamente. No va a quedar mucho espacio para la arrogancia que resulta de aferramos a nuestros ideales.



La arrogancia que inevitablemente aflora va a ser vapuleada de continuo por nuestro propio coraje de ir un paso más allá. Los descubrimientos que experimentaremos mediante la práctica no tienen nada que ver con ninguna creencia. Tienen mucho que ver con tener el coraje de morir, el coraje de morir continuamente.



Cuando nos detenemos allí mismo y no expresamos ni reprimimos, no nos culpamos ni culpamos a los demás, nos encontramos frente a una pregunta abierta que no tiene respuesta conceptual. También nos encontramos con nuestro corazón. Un estudiante lo expresó muy elocuentemente: «La naturaleza de Buda, astutamente disfrazada de miedo, nos da una patada en el trasero para que estemos receptivos.»

Todas las meditaciones pueden ser no más que lucha y separación. Más bien habrá que aceptar —verdaderamente aceptar de todo corazón— que somos iracundos y celosos, que nos resistimos y luchamos, y que tenemos miedo. También hay que aceptar que uno es un ser precioso más allá de toda medida: sabio y estúpido, rico y pobre, y totalmente insondable. Sentirse tan agradecido que es como levantarse en medio de la oscuridad total, caminar hacia una gran serpiente y hacerle una reverencia.



En una ocasión le pregunté al maestro zen Kobun Chino Roshi cómo se relacionaba con el miedo, y me dijo: «Concuerdo con él; concuerdo.» Pero el consejo que solemos recibir más bien es el de edulcorarlo, diluirlo, tomar una píldora o distraernos: cualquier cosa para hacerlo desaparecer.

Lo que solemos hacer de modo natural es disociarnos del miedo. Ante la menor insinuación de su presencia nos descentramos y nos evadimos. Cuando sentimos que viene, desaparecemos. Y es bueno saber que solemos actuar así, pero no para castigarnos por ello, sino para desarrollar la compasión incondicional. Lo más descorazonador de todo es nuestra forma de engañarnos para evitar el momento presente.



Sin embargo, a veces estamos acorralados: todo se cae en pedazos y desaparece la posibilidad de escapar. En momentos así, las verdades espirituales más profundas parecen muy evidentes y ordinarias. No hay dónde esconderse. Podemos ver este hecho tan bien como cualquiera, incluso mejor que cualquiera. Antes o después entendemos que, aunque no podemos hacer que el miedo tenga una apariencia agradable, él será el que nos introduzca a todas las enseñanzas que hemos leído u oído.



Por eso, la próxima vez que te encuentres con el miedo, considérate afortunado. Aquí es donde el coraje entra en escena. El truco consiste en seguir explorando y no abandonar aun cuando descubramos que algo no es lo que pensábamos, porque eso es lo que nos va a ocurrir una y otra vez. Nada es lo que pensábamos.



El vacío no es lo que pensábamos, y tampoco lo son la conciencia del presente o el miedo. Tampoco la compasión es lo que pensábamos, ni el amor ni la naturaleza de Buda. Ni el coraje. Éstas no son más que palabras en clave para describir cosas que no conocemos mentalmente, pero que cualquiera de nosotros puede experimentar. Son palabras que señalan lo que verdaderamente es la vida cuando dejamos que las cosas se caigan a pedazos y nos dejamos clavar al momento presente.

Cuando todo se derrumba y estamos al borde de no se sabe qué, la prueba para cada uno de nosotros es permanecer en ese punto y no concretar. El camino espiritual no consiste en tratar de llegar al cielo y acabar accediendo a un lugar magnífico.

Todas las formas que tenemos de protegernos, de engañarnos, todas las vías que hemos empleado para mantener una brillante autoimagen... todo se cae a pedazos. Por mucho que lo intentamos no podemos manipular la situación.