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domingo, 30 de agosto de 2015


Enfermamos por inseguridad y estres
El pensamiento sereno y dirigido es energia curativa
La respiracion y visualizacion de la luz mental sanan
Activar la energia como una suave brisa de bienestar

La experiencia de la realidad relativa de las sensaciones de malestar proporciona un gran sentimiento de libertad. Es poderoso porque no hay necesidad de creencias en particular sino de experiencias de calma, claridad, sensibilidad y entendimiento de si mismo.”

De “La Salud Emocional. Conversaciones con el Dalai Lama sobre la salud, las emociones y la mente”, por Daniel Goleman, con Sharon Salzberg.

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“—¿No hay ningun analisis mental cuando se realiza la meditacion de la atencion vigilante para calmar la mente?
—No. Hemos visto que cuando se ha calmado la mente y se llega a percibir la consciencia pura, eso lleva a un entendimiento y a una superacion de la sensacion o emocion que altera, como por ejemplo el malestar. Cuando hay una continuidad de la atencion y las personas son capaces de practicar con regularidad, se llega a sentir el malestar sin sentirse arrastrados ni gobernados por el, sino que pueden dejarlo ir, sea cual sea.
Cuando vemos que el malestar no era tan solido, pues cambia, no parece ser tan abrumador. El pensamiento ‘soy una persona enferma’ no se percibe tan real como antes. Es solo un cambio en la mente, que viene y que va, y se descubre que el malestar se desvanece, es transitorio. Cuando se llega a tener aunque sea solo una pequeña experiencia de la  irrealidad verdadera de las sensaciones de malestar, eso proporciona un gran sentimiento de libertad. Esta practica es poderosa porque la gente puede realizarla sin ninguna necesidad de creencia en particular. Se basa en las experiencias de calma, claridad, sensibilidad y entendimiento de si mismo.”

De “La Salud Emocional. Conversaciones con el Dalai Lama sobre la salud, las emociones y la mente”, por Daniel Goleman, con Sharon Salzberg.

Quien esta ansioso y preocupado, deprimido o pesimista, enojado u hostil, tiene un doble de posibilidades de sufrir alguna enfermedad grave en el futuro. Una mente que esta en paz consigo misma protege la salud del cuerpo. El camino del bienestar mental es una practica espiritual”.

Dr. Daniel Goleman, autor de “La Inteligencia Emocional”.

“La mente tiene el poder de remediar el dolor y de generar placer. Si empleamos ese poder combinado con una forma de vida correcta, una actitud positiva, y la meditacion, podemos curar no solo las aflicciones mentales y emocionales, sino tambien los transtornos fisicos. Cuando nos aferramos a los deseos y preocupaciones con toda nuestra energia, solo conseguimos crear tension nerviosa y agotamiento. Esta es una invitacion a descubrir nuestra sabiduria interior, una fuente curativa que todos poseemos”.

De “El Poder Curativo de la Mente” por Tulku Thondup Rinpoche

Horarios: Los MIERCOLES de 7 a 9 pm del 2 al 23 de SEPTIEMBRE 2015
o los SABADOS de 10.30 a 12.30 del dia del 5 al 26 de SEPTIEMBRE 2015
Por 4 clases: S/. 120.00.
Más información en www.perubudismo.org 

domingo, 24 de mayo de 2015

INTELIGENCIA EMOCIONAL POR LA MEDITACIÓN


La Inteligencia Emocional que nos interesa desarrollar con la Meditación es la de aumentar la capacidad de ser felices. Es una habilidad que se puede aprender. Para ello debemos reconocer, comprender y regular las emociones dañinas, para dejar de hacernos daño a nosotros mismos y a las personas que queremos. Igualmente necesitamos desarrollar las emociones benéficas para uno y para los otros, para aumentar la capacidad de sentir y hacer sentir bienestar emocional y espiritual.

Las emociones influyen y hasta limitan nuestra inteligencia para actuar en el mundo, ocasionando distorsiones en nuestras decisiones y acciones, e incluso en el trato con los otros, lo cual después tiene consecuencias inesperadas e indeseadas.

La Inteligencia que nos interesa es la capacidad de darnos cuenta de qué está pasando, dentro y fuera de nosotros, de “Ver dentro de uno”, de ver claro el estado de nuestra propia mente, para abstenernos de hacer daño y para hacer el mayor bien posible. Para ello hay que lograr maestría de la propia mente, para gobernarla en vez de ser gobernados por ella.

En muchas ocasiones nos dominan las emociones destructivas, sin que ni siquiera nos demos cuenta, es más, llegamos a considerar que no sólo es bueno sino hasta deseable practicar estas emociones dañinas, que nos llevan a realizar acciones destructivas, con grandes consecuencias de malestar en la propia vida y en la de los que nos rodean.

Las emociones destructivas son el apego y la ansiedad, con sus variantes de codicia, orgullo y posesividad. También la ira y el odio, con sus variantes de irritabilidad, envidia y agresividad. Todo ello causado por el obscurecimiento de la mente, con sus secuelas de miedo, decaimiento y depresión.

La Meditación nos permite entrenarnos para prevenir y curar el estrés, que es una respuesta emocional no inteligente, inadecuada y excesiva ante los estímulos desafiantes. 

Con la Meditación logramos reconocer las emociones dañinas, postergar la reactividad autodestructiva, y generar respuestas más armoniosas e inteligentes, que nos hagan sentir más felices.

El mundo está lleno de motivos y ocasiones para practicar la Inteligencia Emocional, desde el ruido hasta la presencia de personas no agradables, desde la dificultad de manejar los pequeños obstáculos de nuestra vida diaria hasta las pérdidas y fracasos mayores, que no deseamos pero que ocurren por factores no siempre controlables por uno mismo.

Con la Meditación nos sentimos mejor y podemos ser más felices.

sábado, 28 de enero de 2012

Combatir el estrés de manera positiva- El Dalai Lama







Hindustan Times, 03 de enero de 2011, Dharamsala, India - 

En un nivel fundamental, como seres humanos, todos somos iguales, cada uno de nosotros aspiramos a la felicidad y no queremos sufrir. Por eso, cada vez que tengo la oportunidad, trato de llamar la atención de la gente sobre lo que como miembros de la familia humana tenemos en común, y sobre la naturaleza profundamente interconectada de nuestra existencia y bienestar. 

Hoy en día, hay un reconocimiento cada vez mayor, así como un creciente cuerpo de evidencia científica, que confirma la estrecha relación entre nuestros propios estados de ánimo y nuestra felicidad. Por un lado, muchos de nosotros vivimos en sociedades que están muy desarrolladas materialmente, pero hay muchas personas que no están muy contentas. Justo debajo de la hermosa superficie de la riqueza, hay una especie de malestar mental, que conduce a la frustración, a peleas innecesarias, a la dependencia de drogas o el alcohol, y en el peor de los casos al suicidio. 

No hay garantía de que la riqueza por sí sola pueda darnos la alegría o satisfacción que buscamos. Lo mismo puede decirse también de sus amigos. Cuando estamos en un estado de intensa ira o de odio, incluso un amigo muy cercano nos puede parecernos algo frío, distante y molesto.
Sin embargo, como seres humanos estamos dotados de esta inteligencia humana maravillosa. Además de eso, todos los seres humanos tenemos la capacidad de ser muy decididos y de dirigir ese fuerte sentido de determinación en cualquier dirección que deseemos. Siempre y cuando recordemos que tenemos este maravilloso don de la inteligencia humana y la capacidad para desarrollar la determinación, y utilizarla de manera positiva, vamos a preservar nuestra salud mental fundamental. 

El darnos cuenta que tenemos este gran potencial humano, nos brinda una fuerza fundamental. Este reconocimiento puede actuar como un mecanismo que nos permite hacer frente a cualquier dificultad, no importa a que situación nos enfrentemos, sin perder la esperanza o hundirnos en sentimientos de baja autoestima. 

Escribo esto como alguien que perdió su libertad a la edad de 16 años, que perdió a su país a la edad de 24 años. En consecuencia, he vivido en el exilio durante más de 50 años; tiempo durante el cual los tibetanos nos hemos dedicado a mantener viva la identidad tibetana y la preservación de nuestra cultura y valores. Casi todos los días las noticias del Tíbet son desgarradoras, y sin embargo ninguno de estos problemas nos da motivos para darnos por vencidos. Uno de los enfoques que personalmente encuentro útil, es el de cultivar el pensamiento: Si la situación o el problema es tal que puede ser remediado, entonces no hay necesidad de preocuparse. En otras palabras, si existe una solución o una manera de salir de la crisis, no es necesario sentirse abrumado por ella. La acción adecuada es la búsqueda de su solución. Entonces claramente es más sensato gastar nuestra energía enfocándonos en la solución; en lugar de preocuparnos por el problema. Alternativamente, si no hay una solución; ni ninguna posibilidad de resolución, tampoco hay motivo para preocuparnos, porque no se puede hacer nada al respecto de todos modos. En ese caso, lo más pronto que aceptemos este hecho, lo más fácil será. Esta fórmula por supuesto implica una confrontación directa con el problema y el tener una visión realista. De lo contrario, no podremos saber si existe o no una resolución al problema. 

El tomar una perspectiva realista y cultivar una motivación adecuada, también puede  protegernos de los sentimientos del miedo y de la ansiedad. Si ustedes desarrollan una motivación pura y sincera, si están motivados por un deseo de ayudar basado en la bondad, la  compasión y el respeto; entonces podrán llevar a cabo cualquier tipo de trabajo en cualquier campo, y funcionar más eficazmente, con menos miedo o preocupación; sin miedo de lo que los demás piensen o de que si en última instancia tendrán éxito en alcanzar sus metas. Incluso si no pueden alcanzar sus metas, podrán sentirse satisfechos de haber hecho el esfuerzo. Pero con una motivación negativa, aunque la gente los alabe y aunque alcancen sus metas, no se sentirán felices. 

A veces podemos sentir que nuestras vidas no son satisfactorias, llegamos al punto de sentirnos abrumados por las dificultades que enfrentamos. Esto nos ocurre a todos nosotros de vez en cuando, en mayor o menor grado. Cuando esto sucede, es vital que hagamos todo lo posible para encontrar una manera de levantarnos el ánimo. Podemos hacerlo mediante el recuento de nuestra buena fortuna. Podemos, por ejemplo, ser amados por alguien, tener ciertos talentos, haber recibido una buena educación, es posible que tengamos todas nuestras necesidades básicas cubiertas - los alimentos para comer, ropa para vestir, un lugar para vivir - puede que hayamos realizado determinados actos altruistas en el pasado. Hay que tener en cuenta el más mínimo aspecto positivo en nuestras vidas. Pero si no somos capaces de encontrar alguna manera de levantarnos el ánimo a nosotros mismos, existe el peligro de hundirnos aún más en nuestro sentido de impotencia. Esto nos puede llevar a creer que no tenemos la capacidad para hacer el bien en absoluto. De esta manera creamos las condiciones para la desesperación. Como monje budista, he aprendido que lo que principalmente trastorna nuestra paz interior, es lo que llamamos emociones perturbadoras.

Todos esos pensamientos, emociones y eventos mentales que reflejan un estado negativo o sin compasión de la mente, inevitablemente socavan nuestra experiencia de paz interior. Todos nuestros pensamientos y emociones negativas - como el odio, la ira, el orgullo, la lujuria, la avaricia, la envidia, y así sucesivamente - son considerados como fuentes de problemas, de ser perturbadores. Los pensamientos y las emociones negativas, son las que obstruyen la aspiración más elemental de ser felices y evitar el sufrimiento. Cuando actuamos bajo su influencia, nos volvemos insensibles a los efectos que nuestras acciones tienen sobre los demás: son por lo tanto la causa de nuestro comportamiento destructivo, tanto hacia los demás, como hacia nosotros mismos. El asesinato, el escándalo, y el engaño tienen su origen en las emociones perturbadoras. Esto da lugar inevitablemente a la pregunta - ¿Podemos entrenar la mente? Hay muchos métodos para poder hacer esto. Entre éstos, en la tradición budista, hay un método especial llamado entrenamiento de la mente, que se centra en el cultivo de la preocupación por los demás y en convertir la adversidad en una ventaja. Este  patrón de pensamiento, que transforma los problemas en felicidad, es lo que ha permitido al pueblo tibetano mantener su dignidad y su espíritu, frente a grandes dificultades. De hecho he encontrado este consejo de gran utilidad práctica en mi propia vida. 

Un gran maestro tibetano del entrenamiento de la mente, una vez comentó que una de las cualidades más maravillosas de la mente es que puede ser transformada. No tengo ninguna duda de que aquellos que intentan transformar su mente, superar sus emociones perturbadoras y alcanzar un sentido de paz interior, podrán notar en un período de tiempo, un cambio en sus actitudes mentales y en sus respuestas a la gente y a los eventos. Sus mentes se volverán más disciplinadas y positivas. Y estoy seguro que se darán cuenta que su propio sentido de la felicidad aumenta, debido a que contribuyen a una mayor felicidad en los demás. Hago mis oraciones para que todo aquel que haga de éste su objetivo, sea bendecido con el éxito.