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domingo, 22 de febrero de 2026

LA LUZ DE LA PLENITUD DE LA MENTE EN EL CORAZÓN

 

El Karmapa XVI

LA LUZ DE LA PLENITUD DE LA MENTE 

EN EL CORAZÓN

En el centro de la flor que brota en el corazón

brilla con luz propia la plenitud de la mente –el dharmakaya–


Descansamos allí


Reconocemos la verdadera naturaleza de la mente

Ahora!


Descansamos allí

 

Aún en la densa oscuridad de nuestra engañosa ignorancia de nuestra verdadera naturaleza, estando confundidos por los surgimientos en nuestra mente aparente, aún así brilla la pura consciencia

–solo consciencia sin formas–

 

Descansamos allí

 

La luz brilla en las tinieblas,

 

Los pensamientos no son sino una cadena de diamantes luminosos

 

Descansamos allí

 

En medio de la vivacidad espontánea de nuestros pensamientos y sensaciones, 

que surge libre, sin fijarse en los obstáculos del 

lamento del pasado, 

ni en la ansiedad del presente y 

ni en el miedo al futuro,

 

Descansamos allí

 

Reconocemos la no dualidad absoluta de todo eso

Y somos dichosos en su auto liberación

 

Descansamos allí

 

Lo Absoluto es nuestro maestro,

y nos cuida como una madre

 

Descansamos allí

 

En el centro de la flor que brota en nuestro corazón

brilla la imperturbable y autónoma luz propia del Absoluto –el dharmakaya–

de la que nunca hemos estado separados

 

Descansamos allí

 

Esta experiencia es la sabiduría no fabricada de la Clara Luz de la Mente completa, 

vacuidad e inteligencia, 

más allá del pensamiento del yo, que se agota analizándolo todo

 

Descansamos allí

 

Este es el verdadero corazón, 

la esencia del Absoluto, 

la verdadera igualdad de todos los diversos pensamientos

 

Descansamos allí

 

En el único sabor de todas las apariencias mentales

 

Descansamos allí

 

Reconocemos la manifestación del Absoluto,

que no es otra cosa que la producción de nuestros pensamientos, 

que no son del yo, sino de la auto irradiación no fabricada, incesante e innata, de la consciencia prístina,

 

Descansamos allí

 

Reconocemos estar ya en la otra orilla, más allá del samsara y del nirvana:

 

Descansamos allí

 

En la gran Presencia espontánea de la consciencia prístina, en todas nuestras percepciones,

 

Descansamos allí

 

Nos damos cuenta de la mente natural, sin añadidos adventicios,

nos encontramos así con nuestra propia esencia pura

 

Descansamos allí

 

Nos adentramos en el bosque de las tres soledades


La soledad física, mediante un cierto retiro de la distracción y del entorno social

 

Descansamos allí

 

La soledad mental, silenciando la charla interna, que va en pos de los apegos

 

Descansamos allí

 

La soledad de la Visión, reconociendo la vacuidad inherente de todos los fenómenos, y de la mente del yo, más allá de todo extremo

 

Descansamos allí

 

Poseemos ya la fortaleza de la dorada práctica de los Despiertos

 

Descansamos allí

 

Descansamos allí

 

Descansamos allí

 

Experimentamos el placer y la alegría de estar poniendo en práctica la luminosa y pura mente diamante,

Ahora !

 

Descansemos allí

 

Dedicamos nuestra existencia al Absoluto

–el Dharmakaya– 

para experimentar el gran sabor de la igualdad de todos los fenómenos, parezcan buenos o parezcan malos

 

Descansamos allí

 

Reconocemos el gran espacio puro de la mente

–el dharmadhatu– 

pureza primordial, libre de cualquier fijación conceptual

 

Descansamos allí

 

Los Despiertos han pacificado completamente el océano de millones de pensamientos,

 

y al igual que ellos

 

Descansamos allí

 

La pura consciencia

no se aparta nunca del océano totalmente libre del espacio básico de la mente

 

Descansamos allí

 

El Despertar reconoce el Absoluto 

detrás de las múltiples formas que aparecen en nuestra mente, 

que es el único reino puro y perfecto de todos los Despiertos

 

Descansamos allí

 

El océano de todos los Despiertos ya está presente en nuestro ser

 

Descansemos allí, siempre...

 

Y tengamos compasión de uno mismo,

cuando uno no esté descansando allí…

 

 

*Inspirado en una canción de realización del XVI Karmapa.

Karmapa Khyenno!

–pronunciado Karmapa Cheno–

 

Queridos amigos, estoy transcribiendo la meditación contemplativa del domingo 22-2-2026 para todos, como un regalo por el Año Nuevo lunar tibetano, del Caballo de Fuego.

No es sólo para leerla y olvidarla. Es para estudiarla y tenerla presente, mediante los tres momentos de la enseñanza tradicional: 

Leer/Reflexionar/Meditar

Sobre todo, meditar…

Quedo atento a sus preguntas al respecto en nuestras clases grupales. 

Cariños para todos!

martes, 4 de marzo de 2025

EL AMOR ME DIJO NO HAY NADA QUE NO SEA YO – RUMI

 


“El amor me dijo, no hay nada que no sea yo.

Guarda silencio.

La gente quiere que seas feliz. ¡No sigas 

sirviéndoles tu dolor!

Si pudieras desatar tus alas y liberar tu alma 

de los celos, tú y todos los que te rodean volarían como palomas.

No soy cristiano ni judío ni musulmán, ni 

hindú, ni budista, ni sufí ni zen.

No soy ninguna religión ni sistema cultural.

No soy de oriente ni de occidente, no soy del 

océano ni de la tierra, no soy natural ni etéreo, 

no estoy compuesto de elementos en absoluto.

No existo,

no soy una entidad en este mundo ni en el 

próximo, 

no desciendo de Adán y Eva ni de ninguna 

historia de origen.

Mi lugar es lo sin lugar, un rastro de lo sin 

rastro.

Ni cuerpo ni alma.

Pertenezco al amado, he visto los dos mundos 

como uno solo y ese único llamado y conozco, 

primero, último, exterior, interior,

solo ese ser humano que respira aliento.

Esta noche,

veo el reino de la alegría y el placer.

Me he perdido en él

y él se ha perdido en mí:

No hay religión,

No hay dogma,

No hay conformidad,

No hay culpa,

No hay vergüenza,

No hay miedo,

No hay convicción,

No hay incertidumbre.

En medio de mi corazón, 

aparece una estrella, 

y los cielos se pierden en su brillo.

~Rumi, Maestro del Sufismo y del Islam, 

siglo XIII E.C.

viernes, 4 de diciembre de 2015

RETIRO ERRANTE: MAESTRO BUDISTA DEAMBULA CUATRO AÑOS SÓLO Y SIN DINERO


En una exclusiva primera entrevista publicada por la revista The Lion’s Roar el 27 de Noviembre de 2015, Mingyur Rinpoche revela lo que sucedió durante sus cuatro años como un yogi errante.

Ya en marzo de 2012, The Lion’s Roar (antes Shambhala Sun) publicó “El Errante” ("The Wanderer"), sobre los planes secretos del maestro budista tibetano Yongey Mingyur Rinpoche de desaparecer y pasar lo que serían cuatro años de largo retiro errante (traducido al castellano por este blog el 21 de Marzo del 2012 –ver etiqueta Pánico). A principios de Noviembre del 2015 llegó la noticia de que había regresado. Entrevista exclusiva, realizada por estudiantes de Mingyur Rinpoche inmediatamente después de que reapareció:

Rinpoche, qué le dio la idea de hacer este tipo de retiro errante, viviendo en las calles con los ascetas sadhus de la India y meditando en cuevas en los Himalayas?

Yo ya había hecho un retiro tradicional de tres años, pero desde pequeño había tenido un fuerte deseo de hacer una especie de retiro errante. Me gustan las montañas, me gustan las cuevas, y he estado muy inspirado por los grandes meditadores del pasado y algunos de mis propios maestros, como Nyoshul Khen Rinpoche, que han hecho retiros como este.

¿Por qué no le dijo a nadie lo que estaba planeando hacer?

Mi padre, Tulku Rinpoche Urgyen, me dijo que él había querido irse y hacer un retiro solitario errante como este. Pero cuando trató de hacerlo, sus estudiantes le pidieron regresar a su monasterio y sus profesores le animaron a quedarse allí. Él me dijo que si yo realmente quería hacer esto, no debería decirle a nadie sobre esto. Él dijo: "No se lo digas a nadie lo que has estado haciendo hasta que vuelvas".

 ¿Qué se siente de pasar de ser un importante maestro budista que vive en la comodidad de un monasterio a ser un asceta (sadhu) anónimo, como los yogis hindúes ascéticos que mendigan y viven en la calle de la India?

Yo tenía una fuerte determinación de estar en las calles, pero fui ingenuo en pensar que podría vivir en las calles de inmediato. Me tomó un tiempo. Renunciar a mi identidad como un monje era otra cosa, y por supuesto que también tuve que dejar ir mi deseo de comodidad, comida y las necesidades básicas de la vida, incluso el deseo de estar a salvo. Fue una buena manera de practicar mi meditación de dejar ir.

 ¿Cuál fue la mejor experiencia que tuvo?

En realidad, fue una experiencia cercana a la muerte que tuve en Kushinagar, el lugar sagrado  donde el Buda murió, poco después de que empecé mi retiro. Me puse muy enfermo con vómitos y diarrea, y una mañana mi salud estaba tan mal que yo estaba seguro de que iba a morir.

Cuando me enfermé, sentí como que pasé a través como de una pared de sólido apego a mi cuerpo, mi comodidad, mis hábitos de monje, e incluso la idea de ser Mingyur Rinpoche. Poco a poco lo dejé ir, lo solté, solté, solté. Al final, incluso me dejé a mí mismo. Pensé: "Si voy a morir, está bien. Si voy a morir, no hay problema". En ese momento, ya no tuve ningún miedo.

Tuve una especie de disolución, como lo llaman en los textos, y perdí contacto con mi cuerpo físico por completo. Luego tuve una experiencia maravillosa. No había ningún pensamiento, ninguna emoción, ningún concepto, ningún sujeto ni objeto. La mente era clara y despierta, como un cielo azul con el sol brillando, transparente y que todo lo penetra. Es muy, muy difícil de describir. No puedo realmente ponerlo en palabras.

Entonces en un momento dado tuve el pensamiento: “Está bien, este no es el momento para mí de morir”. Esto de alguna manera estaba relacionado con la mente de compasión. Entonces pude sentir mi cuerpo otra vez y abrí los ojos. Me puse de pie para conseguir un poco de agua y de repente perdí el conocimiento y me desplomé. Me desperté en una clínica local, donde se me administraba glucosa por una vía en el brazo. Al día siguiente, me recuperé y salí de la clínica.

¿Qué pasó después?

Después de esta experiencia, mi mente se sentía muy fresca, y mi meditación realmente mejoró. Pude apreciarlo todo. Toda resistencia se había ido, y me sentí como uno con el medio ambiente. Podía seguir en las calles y regocijarme en todo. No me enfrenté a grandes problemas después de eso.

¿Cómo fueron los años restantes de su retiro?

En los veranos me iba a los Himalayas, a los lugares de peregrinación budista como Tso Pema y Ladakh, y en el invierno me gustaba bajar a las llanuras y pasar mi tiempo en lugares sagrados hindúes y budistas en la India y las planicies bajas Terai del Nepal.
La mejor parte fue poder viajar libremente, sin ningún compromiso u horario. Fue una completa libertad, como un pájaro que vuela en el cielo. Por supuesto, no es que no tuviese miedo. Yo estaba en las calles, y a veces se me acababa el dinero. Mendigaba, y la gente me daba un poco de dinero o comida. Otras veces me decían simplemente desaparece.

Mantuve mi práctica de meditación muy simple. No hacía ningún gran ritual, y sólo llevaba un par de textos conmigo. En algunas cuevas, ni siquiera tenía un altar o una imagen del Buda. Era muy simple.

Ahora que está de vuelta, ¿cómo cambiará esta experiencia su forma de enseñar?

Quiero enseñar en un estilo más vivencial –no simplemente la meditación y la práctica, sino también el comportamiento y la conducta. Visión, meditación y conducta –los tres juntos son muy importantes. Tal vez en el pasado he puesto más énfasis en la visión y la meditación. Ahora quiero hacer hincapié en cómo la meditación puede transformar nuestra vida día a día. El intelecto, el corazón y el comportamiento –los tres juntos.

Siento que la felicidad se encuentra en realidad en el aprecio y la alegría. Todo es un despliegue de la claridad, el amor y la sabiduría. Esto se relaciona con la visión principal del budismo Vajrayana: que todos somos budas. Esta naturaleza iluminada no está sólo dentro de ti. Está en todas partes. Puedes verlo y apreciarlo. Esa es la principal causa de la felicidad –la gratitud y el aprecio.

Este retiro errante ha sido el mejor tiempo de mi vida. Yo había estado meditando durante muchos años, y por supuesto era considerado un profesor de meditación, pero todavía tenía un  orgullo sutil, un ego sutil. Ahora, a través de esta experiencia, siento que soy libre como un ave volando alto en el cielo. Soy libre y puedo volar por todas partes.


(Eso no quiere decir que yo pueda volar, ¿de acuerdo? ¡No creo que pueda volar!)

Traducido por Juan José Bustamante

domingo, 30 de marzo de 2014

LA INSEGURIDAD SUPERADA, CONFIANZA EN EL CORAZON


Hacer estallar la burbuja de la Inseguridad 
y el miedo

La verdadera clave de la seguridad mental es descansar voluntariamente en nuestra angustia, ya no resistirse a lo que es. Por más doloroso que pueda ser el hacer frente a nuestros miedos más profundos, llegaremos a darnos cuenta de que será aún más doloroso no hacerles frente. Este es un punto crucial en la práctica.

Quizás lo que hace que estemos tan llenos de angustia sea que realmente no queremos tener ningún problema. ¿No siempre hemos tenido miedo de los problemas? La sensación de que las cosas no van bien y que no hay mucho que podamos hacer no es nueva. Siempre tendremos que lidiar con el hecho de que vivir conlleva dolor.

Mucha gente viene a la meditación con la expectativa de calmarse y aliviar su estrés. Ciertamente, la meditación puede hacer esto, pues incluso las prácticas de meditación más superficiales pueden inducir sentimientos de calma. Sin embargo, cuando estamos hasta el cuello en la angustia emocional, seremos afortunados si podemos recordar siquiera el practicar meditación. Para ello deberíamos meditar con regularidad, para estar preparados para los momentos más críticos.

Cuando la claridad de la práctica se oscurece por la energía oscura y turbulenta de la inseguridad emocional, es útil tener algunos recordatorios claros y concisos para traernos de vuelta a la realidad.

4 Recordatorios para cuando nos sintamos inseguros

1 El primer recordatorio cuando nos va mal es despertar el recuerdo de la meditación.

Despertar la aspiración significa simplemente recordar y practicar la meditación. Una vez que recordamos practicar, despertar la aspiración significa que comenzamos a considerar nuestra inseguridad y angustia particular como nuestro camino de superación. En lugar de verlas como el enemigo, como algo de lo que tenemos que deshacernos, en lugar de darle realidad esencial mediante  la solidificación de los pensamientos alrededor de esa pesadez, y de hacer un drama de lo que le está pasando a mi "yo", en vez de eso aprendemos a ver la angustia como nuestra oportunidad de ver más claro y abrirnos. Nos relacionamos con la inseguridad como nuestro camino hacia el despertar.

Cuando nos encontramos en confusión, podríamos tener el pensamiento “Así no se supone  que sea la vida”. Cuando las cosas no se ajustan a nuestros deseos, por lo general sentimos que algo anda mal. Pero no es tanto que algo esté mal, lo que sucede es que nos ponemos en relación con la vida a partir de una perspectiva estrecha, basada en el miedo, la del “yo quiero”. Lo que queremos es sentirnos bien, y cuando nuestra angustia emocional no nos hace sentir bien,  casi instintivamente lo rechazamos. Nuestro malestar genera miedo, y en ese miedo encontramos aún más malestar. No es de extrañar que vayamos a tender a considerar  la angustia como el enemigo, como algo de lo cual tenemos que deshacernos.

Debemos transformar nuestra perspectiva al revés hasta entender lo que significa que las dificultades se conviertan en nuestro camino de superación de la inseguridad. La cuestión principal ya no es sólo acerca de si no nos sentimos bien, o si no nos gusta lo que está pasando. La cuestión principal es estar más despierto, para poder aprender lo que tenemos que aprender, para dejar de reprimir nuestros corazones y no rechazar el miedo. Esto no significa que nos tiene que gustar lo malo que nos toca, lo que significa más bien es que hay que abrirse a lo que suceda, y eso no depende de que tenga que gustarnos.

2 El segundo recordatorio es despertar la indagación.

La pregunta relativa a la práctica es: "¿Qué es esto, qué está pasando?” Esto no es una expresión de curiosidad ociosa, ni es una exploración analítica [No es una reflexión sobre causas y consecuencias, es sostener ‘la cosa’ presente, en silencio]. Se está despertando el deseo de conocer la verdad del momento, a través de experimentar la realidad de nuestro ser. No podremos experimentar la realidad mientras continuemos culpándonos, regodeándonos en  “pobre de mí”, tratando de escapar o negar lo que está pasando, o dando crédito a los pensamientos a los que damos poder tales como “Esto no es justo” o “Yo no puedo hacer esto” o “Esto no es para mí”. El llamado ‘reino’ del pensamiento neurótico es donde nos quedamos atascados, es donde las cosas se vuelven sólidas, oscuras e inviables. Despertar la indagación es retomar una y otra vez la experiencia del momento, a la ‘esencia’, a “lo que es real” en nuestra experiencia, lo cual es cambiante, liviano, y trabajable.

Hace varios años me enfrenté a un resultado alarmante en una prueba de detección de cáncer. Después de más pruebas, me sentí con mucho miedo a la espera de los resultados finales. Practiqué meditación, preguntándome una y otra vez: “¿Qué es esto?” La combinación de miedo y auto lástima era poderosa, al igual que el deseo de escapar, pero mi esfuerzo continuo de retorno a la realidad del momento comenzó a socavar la solidez de mi inseguridad. La pregunta [silenciosa de poner la consciencia en] “¿Qué es esto?” trabajaba como un láser en penetrar en la experiencia del miedo en sí. En un momento de inspiración, me di cuenta de que nada de lo que temía estaba sucediendo ahora ¡Ni había sucedido nunca! No había más dolor real que el generado por mis pensamientos. Esta toma de conciencia hizo explotar efectivamente la burbuja de mi inseguridad y mis temores. La idea no vino del torturarme con pensamientos catastróficos, sino de quedarse con “Lo que es” del momento. Venía de indagar, de ser curioso acerca de la realidad esencial de las cosas.

3 El tercer recordatorio en el trabajo con la inseguridad es despertar el humor.

 O al menos generar una perspectiva más amplia. Cada vez que estemos obsesionándonos con algo que está ocurriendo principalmente tan sólo en nuestros pensamientos, será útil recordar las palabras de Mark Twain: “Soy un hombre muy viejo que he tenido un montón de problemas. La mayoría de ellos nunca sucedió”.

Una forma de ampliar nuestra perspectiva es ver las dificultades como tan sólo otro aspecto de nuestro condicionamiento desplegándose por sí mismo. Cuando recordamos esto podemos decirnos a nosotros mismos, “Aquí viene otra vez.  ¿Cómo será esta vez?” Esto no es un truco para evitar enfrentar nuestros problemas o temas recurrentes, sino que es un medio para conseguir la suficiente perspectiva para poder entrar en la dificultad, sin ser abrumado por ella. Una vez, cuando mi caja de Pandora estaba bien abierta, fui a ver a mi maestra Joko Beck, para contarle lo que me estaba ocurriendo. Me sentía oscuro y sombrío, y me sentí  avergonzado de revelar que estaba experimentando tanto miedo. Ella me sonrió y dijo: “Eso es muy interesante. Echemos una mirada a todo esto”. Eso me dio la sensación de que no era de mí de quien estábamos hablando, sino tan sólo de “cosas”. Aquí había una perspectiva más amplia. No es que los temores fuesen tan sólo una ilusión y que por tanto podían ser ignorados, sino  que eran simplemente mi particular condicionamiento. Ponerlos en este contexto me permitió mirar con más ligereza “mis temores”.

4 El cuarto recordatorio es despertar la Compasión y la Bondad Amorosa.

Esta es la capacidad de llevar una atención sin prejuicios a los aspectos no deseados de mi “yo”. Este recordatorio es crucial, no se puede enfatizar lo suficiente. Es tan natural querer confirmar lo que es más negativo sobre nosotros mismos que ni siquiera pensamos en la activación de la compasión o la bondad. De hecho, gran parte de la pesadez de nuestra angustia proviene de la creencia de que debemos ser diferentes. Especialmente después de practicar algún tiempo, pensamos que no deberíamos seguir siendo tan reactivos. Pensamos que ya deberíamos estar más allá de nuestro condicionamiento. Pero la práctica no funciona de esa manera. Sin embargo, cuando ablandamos el juzgarnos tan duramente mediante la compasión y el cariño por uno mismo [compasión es acompañar en el padecimiento, para dar paz], el sentido del drama y la pesadez se aligera considerablemente.

A veces cuando la inseguridad y la angustia emocional se presentan particularmente potentes, nada de lo que hemos aprendido acerca de la meditación para la calma parece funcionar. Las reacciones emocionales densas e intensas nos pueden dejar confundidos y abrumados. En esos momentos más obscuros, una práctica sería ser consciente del centro del pecho, respirando las emociones dolorosas, mediante la inhalación, directamente hacia el Espacio en el Corazón [no se refiere al órgano cardíaco en sí, sino al Centro del ser]. Es como si estuviésemos respirando las sensaciones emocionales y físicas turbulentas directo hacia dentro del corazón. A continuación, en la exhalación, simplemente exhalamos [y nos relajamos]. No estamos tratando de hacer o cambiar nada, sino que simplemente estamos permitiendo que nuestro Centro del Corazón se convierta en un recipiente amplio de consciencia en el que experimentar la angustia. [Comprobaremos que la mente ‘contenida’ en el centro del pecho es espaciosa, y hay en ella mucho espacio, tanto, que puede contener incluso esta ‘enorme’ angustia –pero que al hacer la práctica de meditación se verá como tan sólo una pequeña nube en el vasto cielo].

[La buena noticia es que] El miedo nos lleva a ese punto más allá del cual creemos que no podemos ir. Respirar hacia al centro del pecho, llevando esa respiración directamente al Espacio en el Corazón, abriéndose tanto al dolor que incluso lleguemos a sentir como que uno  se va a morir [y nos convenceremos que uno no se muere], todo eso nos enseña que la inseguridad y la angustia no nos va a dañar. Comenzaremos a experimentar la amplitud y espaciosidad del corazón, donde nuestros más duros juicios sobre uno mismo y nuestros humores más oscuros se aligeran. Empezamos a entender que la consciencia cura, y que para abrirse a esta curación, una respiración más en el Espacio del Corazón es todo lo que se necesita.

Descansar relajadamente y voluntariamente en nuestra angustia, y ya no resistirse a lo que es, esa es la verdadera clave de la transformación emocional y mental. Por doloroso que pueda  ser hacer frente a nuestros miedos más profundos, llegaremos al punto en que es más doloroso todavía el no hacerles frente. Este es un punto crucial en la práctica de la meditación.

El sentir las limitaciones de nuestros miedos y respirándolos hacia el Espacio del Corazón nos permite penetrar las barreras de protección que nos cierran y bloquean. A medida que empezamos a ir más allá de la construcción artificial que llamamos nuestro “yo” –el asiento de toda nuestra angustia emocional– nos adentramos en un recipiente más amplio de conciencia. Veremos que nuestro drama emocional, aunque angustioso, sigue siendo tan sólo un conjunto de pensamientos, muchas veces tan sólo memorias dolorosas, tan sólo sensaciones [muchas de ellas tan sólo nerviosas, no reales]. Quiénes somos en realidad –nuestra conexión interior  básica– es mucho más grande que sólo este cuerpo, sólo este drama personal.

Haber resuelto la inseguridad una vez, dos veces, o incluso una docena de veces, no significa que nos quedaremos sin reacciones emocionales. Pero mantener la imagen más grande de la situación a la vista nos ayuda a no perdernos en nuestra angustia tan rápidamente, tan intensamente, o durante el tiempo que nos acongoje. Finalmente empezaremos a entender e incluso a creer que todos nuestros problemas y temas recurrentes son viables.


Traducido, editado y adaptado de un fragmento del libro Being Zen por Ezra Bayda, quien escribe y enseña en el Zen Center de San Diego, y publicado en la revista budista Tricycle

martes, 11 de junio de 2013

MEDITAR –SUPERAR INSEGURIDAD Y MIEDO

La monja budista Pema Chodron: "Sonríele al Miedo"


Cuando todo se derrumba.

Extractos del libro de Pema Chodron, maestra budista.



Embarcarse en el camino espiritual es como meterse en un bote muy pequeño y aventurarse en el océano en busca de tierras desconocidas. Cuando practicamos de todo corazón nos sentimos inspirados, pero antes o después acabamos encontrándonos con el miedo.



En la meditación intuitiva comenzamos practicando la conciencia del instante, estar plenamente presentes en todas nuestras actividades y pensamientos. Después escuchamos las enseñanzas sobre el vacío y enfrentamos el reto de conectar con una claridad mental abierta e ilimitada. Las enseñanzas del Vajrayana nos introducen a trabajar con la energía en todas las situaciones y nos hacen ver que cualquier cosa que surja es inseparable del estado de Despertar.



El miedo es una experiencia universal; lo sienten hasta los insectos más pequeños.



Sentir miedo cuando nos enfrentamos a lo desconocido no es algo terrible; más bien es una parte integral del hecho de estar vivos y que todos compartimos. Reaccionamos ante la posibilidad de encontrarnos con la soledad, con la muerte, ante la posibilidad de no tener nada a lo que agarrarnos. El miedo es una reacción natural al acercarse a la verdad.



Pero si nos comprometemos a quedarnos donde estamos nuestra experiencia se vuelve muy vivida; las cosas se ven muy claras cuando no hay escape posible. Cualquiera que esté en el límite de lo desconocido, plenamente en el presente sin punto de referencia, experimenta la ausencia de base o fundamento, de un lugar donde agarrarse. Cuando nuestra comprensión se hace más profunda descubrimos que el presente es un lugar muy vulnerable, lo que puede ser una experiencia absolutamente enervante y al mismo tiempo absolutamente tierna.



De lo que estamos hablando es de llegar a conocer el miedo, de familiarizarnos con él, de mirarle directamente a los ojos; no como una forma de resolver los problemas, sino como una manera de deshacer completamente las viejas maneras de ver, oír, oler, saborear y pensar. La verdad es que, cuando realmente comencemos a hacerlo, nos encontraremos con que somos humillados continuamente. No va a quedar mucho espacio para la arrogancia que resulta de aferramos a nuestros ideales.



La arrogancia que inevitablemente aflora va a ser vapuleada de continuo por nuestro propio coraje de ir un paso más allá. Los descubrimientos que experimentaremos mediante la práctica no tienen nada que ver con ninguna creencia. Tienen mucho que ver con tener el coraje de morir, el coraje de morir continuamente.



Cuando nos detenemos allí mismo y no expresamos ni reprimimos, no nos culpamos ni culpamos a los demás, nos encontramos frente a una pregunta abierta que no tiene respuesta conceptual. También nos encontramos con nuestro corazón. Un estudiante lo expresó muy elocuentemente: «La naturaleza de Buda, astutamente disfrazada de miedo, nos da una patada en el trasero para que estemos receptivos.»

Todas las meditaciones pueden ser no más que lucha y separación. Más bien habrá que aceptar —verdaderamente aceptar de todo corazón— que somos iracundos y celosos, que nos resistimos y luchamos, y que tenemos miedo. También hay que aceptar que uno es un ser precioso más allá de toda medida: sabio y estúpido, rico y pobre, y totalmente insondable. Sentirse tan agradecido que es como levantarse en medio de la oscuridad total, caminar hacia una gran serpiente y hacerle una reverencia.



En una ocasión le pregunté al maestro zen Kobun Chino Roshi cómo se relacionaba con el miedo, y me dijo: «Concuerdo con él; concuerdo.» Pero el consejo que solemos recibir más bien es el de edulcorarlo, diluirlo, tomar una píldora o distraernos: cualquier cosa para hacerlo desaparecer.

Lo que solemos hacer de modo natural es disociarnos del miedo. Ante la menor insinuación de su presencia nos descentramos y nos evadimos. Cuando sentimos que viene, desaparecemos. Y es bueno saber que solemos actuar así, pero no para castigarnos por ello, sino para desarrollar la compasión incondicional. Lo más descorazonador de todo es nuestra forma de engañarnos para evitar el momento presente.



Sin embargo, a veces estamos acorralados: todo se cae en pedazos y desaparece la posibilidad de escapar. En momentos así, las verdades espirituales más profundas parecen muy evidentes y ordinarias. No hay dónde esconderse. Podemos ver este hecho tan bien como cualquiera, incluso mejor que cualquiera. Antes o después entendemos que, aunque no podemos hacer que el miedo tenga una apariencia agradable, él será el que nos introduzca a todas las enseñanzas que hemos leído u oído.



Por eso, la próxima vez que te encuentres con el miedo, considérate afortunado. Aquí es donde el coraje entra en escena. El truco consiste en seguir explorando y no abandonar aun cuando descubramos que algo no es lo que pensábamos, porque eso es lo que nos va a ocurrir una y otra vez. Nada es lo que pensábamos.



El vacío no es lo que pensábamos, y tampoco lo son la conciencia del presente o el miedo. Tampoco la compasión es lo que pensábamos, ni el amor ni la naturaleza de Buda. Ni el coraje. Éstas no son más que palabras en clave para describir cosas que no conocemos mentalmente, pero que cualquiera de nosotros puede experimentar. Son palabras que señalan lo que verdaderamente es la vida cuando dejamos que las cosas se caigan a pedazos y nos dejamos clavar al momento presente.

Cuando todo se derrumba y estamos al borde de no se sabe qué, la prueba para cada uno de nosotros es permanecer en ese punto y no concretar. El camino espiritual no consiste en tratar de llegar al cielo y acabar accediendo a un lugar magnífico.

Todas las formas que tenemos de protegernos, de engañarnos, todas las vías que hemos empleado para mantener una brillante autoimagen... todo se cae a pedazos. Por mucho que lo intentamos no podemos manipular la situación.