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miércoles, 27 de mayo de 2020

LA CALMA MENTAL NO ES DETENER LOS PENSAMIENTOS, SINO RELAJARSE PARA ACEPTARLOS TAL Y COMO REALMENTE SON





La paz mental no es la mente en blanco sino relajarse para aceptar lo que se siente y piensa, para conocerse y liberarse más profundamente
La meditación comienza con la práctica de Calma, “permanecer en paz, en tranquilidad, en comodidad”. Hoy es llamada contemporáneamente mindfulness, atención plena o concentración.
Es una práctica importante que conduce a la penetración perspicaz de la realidad. Permite “ver dentro” de lo que son intrínsecamente los fenómenos y comprender qué es verdaderamente la mente, y eventualmente experimentar la absorción en la paz misma.
El propósito de la meditación es estabilizar la mente, cultivando una consciencia constante, inicialmente con objetos o soportes de meditación, que lleva a practicar sin apoyos, y a contemplar el espacio mental mismo, en una consciencia abierta.
La meditación de calma nos permite experimentar nuestra mente tal como es.
Cuando practicamos la calma, podemos ver que nuestra mente está llena de pensamientos, algunos conducentes a la felicidad y a realizar nuestra plenitud, y otros más bien conducen a reforzar la sensación de carencia que nos aqueja a todos los seres humanos haciéndonos sufrir. Se trata entonces de ver que todos los surgimientos son sólo pensamientos pasajeros, que terminan disolviéndose,  si es que no enganchamos en ellos ni los alimentamos.
Es normal que nuestras mentes estén llenas de pensamientos, pero hay que  comprender que eso es natural y no necesariamente malo que ocurran en la mente, pues pueden conducir al autoconocimiento y a la trascendencia de los límites.
Practicar la meditación calma nuestros pensamientos y emociones. Experimentamos tranquilidad mental y permanecemos observando con calma nuestros pensamientos y emociones tal como son, hechos de espacio mental, ni sólidos ni obligatorios.
Experimentar una consciencia estable es muy útil para poder investigar y comprender la naturaleza de la mente y de los pensamientos mismos.
Practicamos la calma para permitir una experiencia de integración mental, para darse cuenta de qué es verdaderamente la mente, de cuál es su verdadera naturaleza.
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La paz mental no es la mente en blanco, sino relajarse para aceptar radicalmente lo que se siente y piensa, y así liberarse más profundamente.
Es estar en paz, en tranquilidad, en comodidad.

INSCRIBIRSE  kunzan@hotmail.com 999467542

Por el Prof. JUAN JOSE BUSTAMANTE, Profesor de Budismo en la Universidad Católica por 30 años, estudios con Lama WangDor en la India por dos años en 1983-1984, 30 años de experiencia enseñando meditación, estudia y practica la meditación desde hace más de 45 años.


jueves, 27 de junio de 2019

LA CONTEMPLACIÓN RIGPA EN EL DZOGCHÉN




LA CONTEMPLACIÓN RIGPA 
EN EL DZOGCHÉN

Ir más allá de la Meditación y el Mindfulness

Meditar es calmar la mente ordinaria
Contemplar es reconocer la Consciencia

Lograr NEPA, El Estado Calmo
Fijación con objeto y sin objeto. Fijación Relajada

Integrar GYUWA, el movimiento de la mente
Familiarizarse con el movimiento de pensamientos y sensaciones,
sin distraerse por ellos.

Simultaneidad de quietud y movimiento
Los pensamientos siguen surgiendo pero no perturban

Autoliberación
Los pensamientos se desvanecen por sí mismos: se auto-liberan

Rigpa
Tres elementos simultáneos, presentes en la misma Base:
          1. nepa o estado calmo (como espejo de agua inmóvil -un lago).
          2. gyuwa, el movimiento (como una onda, una ola en el lago)
          3. rigpa, el reconocimiento y aceptación tranquila de esta ola.

Las Tres Sabidurías Resultantes de la Base
                    Su Esencia, ngowo
                    Su Naturaleza, rangshin
                    Su Energía, thugje

jueves, 26 de marzo de 2015

“MAMÁ: NO PUEDO PARAR LOS PENSAMIENTOS QUE ME LLEGAN A LA CABEZA”


Una amiga me comentó hace unos días que su hija, de apenas cinco años de edad, le había sorprendido con este comentario mientras la llevaba a un cumpleaños. Sentada en su sillita, en los asientos traseros del coche, la pequeña se mostraba agobiada y desconcertada. No es la primera madre que me comenta algo parecido, pero en este caso resulta especialmente significativo el hecho de que la niña considerara que los pensamientos le llegaban de fuera..
No se trata del argumento de una película de ficción, al estilo de La invasión de los ultracuerpos, ni tampoco es consecuencia en este caso de alguna enfermedad mental, o una situación puntual y pasajera. Tras descartar todo lo descartable con el psicólogo, la conclusión no se hizo esperar: se trata sin duda de otra niña más alcanzada por lo que denominamossobreestimulación. En 1997, hace ya dieciocho años, publiqué un libro sobre el consumo de drogas de síntesis entre los adolescentes, en el que hacía referencia exactamente a esta situación. Sin lugar a dudas nos encontramos ante la generación más sobreestimulada de toda la historia de la Humanidad. Hasta hace apenas 50 años los estímulos que recibíamos del exterior eran muy limitados y moderados en relación a los que recibimos hoy en día. Se trataba fundamentalmente de estímulos procedentes de nuestro entorno inmediato, familia, amigos, y las pocas horas a la semana que podíamos pasar viendo un canal de televisión en blanco y negro, o escuchando algún programa de radio.
Hoy, cualquier niño de diez años de nuestro entorno, ha recibido muchísima más información que cualquier otro homo sapiens de los que han pasado por aquí en los últimos 40.000 años. Ha visto imágenes de tiranosaurios corriendo por un bosque, cuando hasta hace un siglo ni tan siquiera sabíamos de su existencia. Imágenes de peces abisales, animales e insectos de cualquier punto de la tierra, vídeos grabados en la superficie de Marte por un robot, secuencias reales sobre el corazón bombeando sangre o linfocitos haciendo su trabajo en nuestro sistema inmunológico. Cosas con las que ningún sabio de la antigüedad se atrevió a soñar, y un volumen de información muy difícil de manejar. Estímulos dirigidos a todos sus sentidos: sintetizadores, sonidos y ritmos nunca antes escuchados, alimentos procedentes de los cinco continentes, chicles que los primeros minutos saben a maracuyá y después a frutos silvestres del bosque australiano… ¿Se han parado a contar los tipos de cereales que hay en las estanterías de los supermercados? ¿Y los yogures?
Pero estos niños no reciben sólo los estímulos de su entorno habitual, sino que en muchas ocasiones nos empeñamos en “enriquecerlo” y llenar absolutamente todo su tiempo con más actividades. Un tiempo libre absolutamente copado, que se combina con histriónicas series de dibujos animados, estridentes partidas de videojuegos en 3D y todo tipo de aplicaciones para llenar sus móviles, tabletas y cabezas.
Hace ya unos años que distintos expertos, como los del grupo de investigación sobreNeuroplasticidad y Aprendizaje de la Universidad de Granada (UGR), advirtieron sobre cómo la estimulación temprana podía influir en el proceso de aprendizaje. La psicobióloga Milagros Gallo, señalaba que: “El entrenamiento en tareas demasiado complejas, antes de que el sistema esté preparado para llevarlas a cabo, puede producir deficiencias permanentes en la capacidad de aprendizaje a lo largo de la vida”.
El problema de la sobreestimulación es que, al igual que hacen las drogas de síntesis, provoca lo que denominamos “tolerancia”. Es decir, el organismo se acostumbra a recibir con regularidad su dosis de estímulos, hasta que llega un momento en el que tal dosis no le satisface. ¿Qué hace entonces? Pues muy sencillo: buscar una dosis mayor. Los niños que viven este efecto se hacen cada vez menos sensibles a los estímulos del entorno, y necesitan cada vez más. Se vuelven hiperactivos, o se muestran desmotivados mientras su imaginación y creatividad se van mermando. Les cuesta centrarse mucho tiempo en una misma actividad, y sienten que sus pensamientos se atropellan los unos a los otros.
NECESITAMOS EL ABURRIMIENTO
Puede parecer algo paradójico, pero necesitamos más que nunca que los niños y niñas tengan tiempo para aburrirse. Necesitamos que tengan tiempo todos los días para llevar a cabo actividades que no estén previamente estructuradas, organizadas y controladas por normas rígidas y preestablecidas. Es preciso que tengan la oportunidad de crear sus propias estructuras, normas y parámetros. Creo que los adultos que no son capaces de innovar, de adaptarse, cambiar o evolucionar y aportar algo a la vida de quienes les rodean, son con frecuencia niños privados de la posibilidad de crear y experimentar. Es necesario tener la posibilidad de explorar, y también la posibilidad de equivocarse.
Definiría el aburrimiento como la ausencia de motivación que incite a la acción física o mental. Así pues, si un niño se aburre y desea actuar tendrá que terminar encontrando o creando sus propias motivaciones. Tendrá en definitiva que automotivarse. Y no les quepa duda de que lo hará. Un niño o una niña en un parque, con un palito, arena y un par de piedras creará todo un mundo. Sentado frente a una mesa y con una caja llena de pinzas de tender la ropa, organizará una carrera de coches, desarrollará una batalla o realizará algún tipo de construcción. Una hoja en blanco, un lápiz y varios rotuladores darán lugar a todo tipo de creaciones…
Los niños y niñas de hoy, más que nunca, necesitan disponer de tiempo no estructurado y dirigido por sus mayores. La sobreestimulación, la constante motivación externa y el encadenamiento continuo de tareas y actividades programadas les saturan, agobian y ahogan su necesidad de crear.
Resumiría mis principales recomendaciones en el siguiente decálogo:
1.     Procure que sus hijos/as dispongan con frecuencia de tiempo no estructurado. ¡Verdadero tiempo libre!
2.     Reduzca las actividades extraescolares al mínimo que considere necesario. Priorice y tenga muy en cuenta aquellas que son iniciativa de ellos mismos.
3.     No se adelante a sus demandas, no queme etapas demasiado pronto. Necesitan detenerse y paladear cada edad y cada etapa. Respete su ritmo de maduración.
4.     Interactúe y juegue con ellos si se lo piden, pero no organice ni desarrolle las normas.
5.     Controle el acceso a internet y las nuevas tecnologías. No deben convertirse en prioritarias ni conformar su principal forma de ocio. Establezca horarios.
6.     Distancie el uso de ordenadores, tablets o teléfonos móviles de la hora de irse a la cama. El sueño es fundamental, y el cerebro necesita un tiempo para volver a la normalidad tras los estímulos recibidos durante el empleo de estos aparatos.
7.     Supervise las series de dibujos animados que ven. Compruebe si es usted capaz de ver un capítulo y en qué estado se encuentra después. Algunas generan un estado de ansiedad muy apreciable.
8.     Sus hijos necesitan contacto con la naturaleza. El ritmo que ésta establece actúa como un verdadero bálsamo. Necesitan tocar, oler, sentir y experimentar en espacios abiertos y naturales.
9.     Controle los ruidos innecesarios. Si alguien quiere ver la tele en casa, escuchar música o discutir, los demás no tienen que compartirlo necesariamente.
10.  Preste toda la atención posible a sus comentarios, preguntas y observaciones. Nada de lo que dicen es superficial, aunque en un principio podamos no entender lo que están intentando decirnos.
(Esto no quiere decir que la sobreestimulación sea la respuesta a todos los casos similares. Mi intención es sólo aportar recursos e ideas a los padres y madres que puedan sentirse identificados).
Más información: http://www.guiasaluddigital.com
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http://secretariageneral.ugr.es/pages/tablon/*/noticias-canal-ugr/la-sobreestimulacion-infantil-y-juvenil-provoca-deficiencias-en-el-aprendizaje#.VOjKmfmG-bN

Nota del Blog: Si hay sobre-estimulación, no debería haber también sobre-relajación? ¿Por qué parar los pensamientos? Es que pueden "pararse" (indefinidamente)? ¿No sería mejor observarlos como en un desfile, sin enganchar ni alimentarlos? ¿No se debería enseñarnos desde niños a no sufrir con nuestros propios pensamientos? Ocio sí, pero con descanso de la mente, de otro modo, ¿No será que me llevo mi agitación a las vacaciones...?

domingo, 2 de febrero de 2014

MEDITAR EN LA MENTE MISMA



Traducido y editado a partir de una enseñanza sobre la práctica de Mahamudra por el maestro budista de la escuela tibetana Kagyu, Traleg Rinpoché

De acuerdo con la tradición budista de la escuela Mahayana, los practicantes necesitan erradicar ciertas impurezas y oscurecimientos de la mente con el fin de darse cuenta de la verdad última, o realidad última, y la manera más eficaz de lograrlo es a través de la práctica de la meditación.

En términos generales, hay dos tipos de meditación que se usan: shamatha, la “meditación de tranquilidad”, y vipashyana, la “meditación de la visión”. A través de la práctica de shamatha, el meditador aprende a aquietar la mente para ser s centrado, resistente y resiliente, y consciente -y por lo tanto menos susceptible a las distracciones. Vipashyana, por otra parte, se lleva a cabo normalmente como una forma de análisis [intuitivo].

Mientras que la práctica de shamatha anima a la mente a estar más tranquila y menos perturbada por los pensamientos conceptuales, vipashyana utiliza estas reflexiones para ganar ciertas comprensiones, tales como la constatación de que no hay un yo permanente o inmutable [no hay una naturaleza inherente en ningún fenómeno, incluso en el ego].

La forma en que shamatha se presenta generalmente sugiere que a medida que la mente se vuelve más centrada, y los pensamientos discursivos y racionales aminoran [mientras se hace meditación], nuestra mente pasa por diferentes niveles de concentración y absorción. Entonces, cuando nos involucramos en vipashyana, después de haber perfeccionado la meditación shamatha, nuestro pensar ya no da lugar a la confusión conceptual, sino que da lugar a diversas comprensiones.

Se dice que la meditación budista es diferente de la meditación de otras tradiciones debido a esta práctica vipashyana, ya que otras tradiciones también tienen sus técnicas de calmar y concentrar la mente. Pero es a través de la meditación vipashyana que nos damos cuenta de que no hay tal cosa como un yo duradero o permanente, y que las entidades físicas no tienen una esencia duradera o permanente.

Mahamudra : Un enfoque tántrico

La pctica Mahamudra incluye estas dos técnicas de shamatha y vipashyana, pero a diferencia del Mahayana, de acuerdo a las enseñanzas del Mahamudra no es importante ir a través de los diferentes niveles de concentración y absorción en la meditación shamatha. En lugar de ello, es suficiente que  estabilicemos la mente. Incluso si no se ha alcanzado un estado final de concentración y no se ha logrado obtener un nivel de absorción, si la mente se ha vuelto más estable y menos susceptible a las distracciones, se puede proceder  con la práctica de vipashyana.

La práctica Mahamudra del vipashyana en realidad es bastante diferente del enfoque convencional que sostiene el sutra del Mahayana. En la tradición Mahayana, utilizamos normalmente el método del análisis para comprender la falta de esencia en todas las cosas, y para darnos cuenta de que todo lo que existe en los reinos físicos y mentales es un producto de causas y condiciones. A través de esta práctica vipashyana podemos obtener cierta comprensión conceptual de lo que es el vacío [de esencia inherente en todos los fenómenos], y esa comprensión conducirá a una experiencia directa de la vacuidad.

Sin embargo las enseñanzas del Mahamudra dicen que si se centra la mente en la mente misma, uno se dará cuenta de la naturaleza de la mente, y la naturaleza de todo lo demás. Así que en lugar de utilizar el razonamiento y el método analítico para reducir todo al vacío, se enfoca la mente en la propia mente, y se da el darse cuenta [awareness] de que la naturaleza de la mente es vacuidad. Entonces te das cuenta de que todo lo demás tiene la misma naturaleza, y que es el vacío [de una esencia propia].

Según los maestros del Mahamudra, el enfoque del sutra Mahayana usa los fenómenos externos como el objeto de la meditación vipashyana, mientras que el enfoque tántrico del Mahamudra utiliza la mente como objeto.

Sin embargo el enfoque del Mahamudra no analiza la mente para darse cuenta de que la naturaleza de la mente es vacuidad. En vez de eso el meditador usa la contemplación. En esta práctica el meditador permite que la mente esté en su estado natural, de tal modo que la mente misma revela su propia naturaleza. No analizamos la naturaleza de la mente y no necesitamos tener una comprensión conceptual del hecho de que la naturaleza de la mente sea vacía [de esencia]. Si se permite a la mente el estar en su estado natural y todos los pensamientos discursivos ceden, la naturaleza de la mente será revelada como vacía de una esencia permanente.

Al seguir las instrucciones para meditar del  sutra del Mahayana, se emplean diferentes antídotos para los diferentes obstáculos en la práctica del shamatha. Por el contrario, de acuerdo con el Mahamudra, no debemos estar demasiado preocupados por los obstáculos o con el uso de antídotos para calmar la mente. Deberíamos tener una sensación general de que todos los obstáculos que se presenten en la meditación se pueden dividir en dos categorías: la de los obstáculos del estupor o la somnolencia, y la del obstáculo de la agitación mental.

Cuando el obstáculo del estupor surge, la mente no se ve perturbada por la agitación de los pensamientos discursivos o los conflictos emocionales, pero carece de claridad. La mente se ha vuelto sosa y aburrida, y a veces esto es seguido por la modorra y la somnolencia.

La agitación mental, por otro lado, es más fácil de detectar porque la mente ha caído bajo la influencia de los pensamientos discursivos, las distracciones y los conflictos emocionales. En vez de usar antídotos para controlar la mente en estas situaciones, el enfoque del Mahamudra  recomienda dos métodos: el de la relajación y el del ajuste.

Si la mente se embota, la tensamos, “ajustamos” o “apretamos” a través de la aplicación de la atención plena (mindfulness). Tratamos de regenerar y reforzar nuestra atención del objeto de meditación, sea el que sea. Y si nuestra mente está agitada, debemos tener cuidado de no aplicar demasiada atención,  sólo trataremos de relajar la mente un poco más. Podemos “aflojar” la mente mediante el abandono de la atención o lo que sea que estamos usando para hacer que la mente esté más centrada.

Si nuestra mente se embota, también podríamos enderezar la columna, expandir el pecho, y tensar el cuerpo, haciendo nuestra postura un poco más rígida. Si la agitación mental está presente, podríamos suavizar o  ablandar nuestra postura para que nos sintamos más relajados, y enfocaremos la mente en la parte inferior del cuerpo. En todas las situaciones, se utilizan estos dos métodos de aflojar o tensar.

mo practicar Mahamudra

En Mahamudra, los principiantes de la meditación shamatha deben utilizar un objeto externo, como un trozo de madera, una piedra o cualquier objeto físico en su campo visual, y concentrarse en eso. Cada vez que la mente se distrae, no olvidar regresar a ese objeto físico. Después de practicar eso por un período, se puede utilizar el propio aliento como objeto de la meditación, mediante la aplicación de la atención a la respiración entrante y saliente. Para ayudarse en este proceso, incluso se puede contar las respiraciones. El conteo ayuda al enfoque de mente en la respiración, cuando ese es el objeto de meditación. Cada aliento entrante y saliente puede ser contado como uno solo.

Cuando se puede hacer eso con cierto éxito, pasar a utilizar la mente misma como el objeto de la meditación. Tratar de ser consciente de los pensamientos y emociones a medida que surgen, sin etiquetarlos, sin juzgarlos, sino simplemente mediante la observación de ellos. En tanto este proceso de observación se estabiliza, la atención se transformará en  consciencia. Si surge la distracción, tomar consciencia de esa distracción, y si surgen el embotamiento o el estupor, tomar consciencia de ello; si surge la agitación mental, tomar conciencia de eso.

Cuando se contempla la mente misma y se deja que la mente esté en su estado natural, se experimentará una sensación de claridad así como de estabilidad mental. En las enseñanzas de Mahamudra, esto se describe como el aspecto de la estabilidad y el aspecto de la claridad. Tanto la claridad mental y la estabilidad deben estar presentes.

De acuerdo con las enseñanzas del Mahamudra, si se prosigue esta práctica y se hace que la mente esté cada vez más estable y más clara, entonces incluso cuando surgen los pensamientos y las  emociones, no se perturbará la estabilidad y la claridad de la mente.

Si se puede mantener la claridad mental igualmente, sea que la mente esté tranquila o esté agitada, esta es la mejor forma de meditación.

El objetivo último de la meditación no es la erradicación o eliminación de los pensamientos y emociones [no es poner "la mente en blanco"], sino mantener ese sentido de consciencia (darse cuenta de la mente misma, o awareness) tanto cuando la mente está en movimiento, como cuando está en un estado de descanso.

La consciencia o darse cuenta –awarenessestá presente sea que la mente esté en un estado de reposo o en un estado de movimiento. Eso no hace ninguna diferencia. Hay un darse cuenta de la naturaleza de la mente (awareness) cuando la mente no hace distinción alguna en la meditación entre agitación mental y descanso. Al no hacer esta distinción, la mente se deja en su estado natural, y los pensamientos y emociones se auto liberan [la práctica del Mahamudra es en este respecto igual a la del Dzogchén].

Las enseñanzas del Mahamudra también dicen que no debemos juzgar o pensar en los pensamientos y emociones (particularmente los negativos) como que tienen que ser erradicados o eliminados. Si somos capaces de comprender la naturaleza de estos pensamientos y emociones, vamos a entender la naturaleza de la mente misma. En las enseñanzas, la relación entre la naturaleza de la mente y los pensamientos erróneos o engañosos se compara con un florecimiento de un loto que tiene sus raíces en el barro, o con el grano que crece en un campo abonado con estiércol. Así como un loto florece en el barro y los agricultores utilizan el estiércol maloliente para cultivar sus campos, alcanzamos la sabiduría mediante el darnos cuenta de la verdadera naturaleza de las impurezas mentales y obscurecimientos emocionales, no por deshacerse de ellos.

En tibetano se dice: “Si es que se ha abandonado las ilusiones y confusiones conceptuales de la mente, no se puede hablar de sabiduría”. De acuerdo con el entendimiento del Mahamudra, la sabiduría no se alcanza a través de la erradicación de las impurezas, sino del comprender la naturaleza de las impurezas.

Las enseñanzas del Mahamudra usan la frase “mente ordinaria”, lo que significa que el  comprender la [verdadera] naturaleza de la mente [la mente ordinaria], el darse cuenta de naturaleza búdica [la naturaleza despierta e iluminada de la mente ordinaria –aunque no nos demos cuenta de ello], eso no implica la eliminación de nada de lo que exista dentro de la mente. [La iluminación] Viene más bien de darse cuenta de la naturaleza de esta misma mente que ya tenemos: la mente que piensa, desea, anticipa, y siente. El problema no es que tenemos pensamientos y emociones, el problema es que no comprendemos la naturaleza de estos mismos pensamientos y emociones. A través de la práctica de la meditación la mente se vuelve más estabilizada y desarrolla un sentido de claridad mental. Entonces, si la consciencia o el darse cuenta se mantiene en tanto surgen los pensamientos y las emociones, y la mente se deja libre a sí misma, esos mismos pensamientos y emociones revelarán la naturaleza de la mente, al igual que una mente que no se perturba por los pensamientos y emociones que surgen de ella misma revela la verdadera naturaleza de la mente.

Dejar que la mente esté en su estado natural, sin esfuerzo

La técnica simple de dejar que la mente sea, se lleva a cabo ya sea tensando o aflojando el cuerpo y la mente. Sin embargo, incluso estos dos métodos no se deben hacer con deliberación o esfuerzo extremados, por lo que otra expresión del Mahamudra es muy útil: “Dejar la mente estar en su estado natural sin esfuerzo”. Este no esfuerzo viene de no juzgar, de no pensar que el surgimiento de los pensamientos y las emociones ha perturbado de alguna manera la mente o que altera nuestra meditación. Siempre y cuando la mente esté enfocada y haya un sentido de consciencia o darse cuenta, no importará lo que surge en la mente [sea bueno o malo: más allá de la dualidad], sea que la mente esté estable y en reposo o esté en un estado de movimiento; así puede llegar a suceder que se dé  un darse cuenta de que todo lo que ocurre en la mente tiene la misma naturaleza que la verdadera naturaleza de la mente [que la mente “ordinaria” de todos los seres es igual que la mente despierta del mismísimo Buda].

A través de la consciencia, nos damos cuenta de que la naturaleza de la mente tiene la doble característica de ser vacía [de esencia inherente], y también luminosa [pensante, o inteligente]. En cuanto a su aspecto de vacuidad, la naturaleza de la mente no es diferente de las cosas físicas no mentales, tales como por ejemplo las mesas y sillas, porque la naturaleza de la mesa y la silla es el vacío y la naturaleza de la mente es también el vacío [todo es vacío de una esencia, de un ser propio o inherente]. Sin embargo, en términos del aspecto claridad [inteligencia] de la naturaleza de la mente, ella es diferente de las cosas físicas no mentales, porque la naturaleza de la mente no es sólo el vacío -también es luminosa [consciente, inteligente –se da cuenta] al mismo tiempo. Esta luminosidad y claridad [darse cuenta claramente] es lo que distingue a la naturaleza de la mente de las cosas no mentales.

En última instancia, se dice que la naturaleza de la mente tiene tres cualidades: 1 ) la naturaleza de la mente es la vacuidad [la cualidad que caracteriza a las cosas vacías o carentes de un Ser o esencia propia], 2) a pesar de que la naturaleza de la mente es la vacuidad, a diferencia de la naturaleza vacía de las cosas o entidades físicas, también es luminosa [a pesar de ser vacía, aún así se da cuenta, es decir es inteligente], y 3) cuando la mente se estabiliza y la consciencia [el darse cuenta] se mantiene, incluso aún cuando la mente esté ocupada teniendo pensamientos y emociones, se experimentará dicha o felicidad [este es el aspecto sin trabas o ilimitado de la mente –no limitado por el sufrimiento]. En otras palabras, incluso cuando la mente está activa, la dicha o felicidad se revela, siempre y cuando la mente no le esté dando lugar [no le esté dando solidez] a la agitación o a la confusión y a los oscurecimientos –que son la causa fundamental del sufrimiento y la insatisfacción [que la mente no esté creyendo en la realidad intrínseca de los fenómenos mentales y físicos que surgen en ella misma, es decir que no esté creyendo en la realidad intrínseca y duradera del sufrimiento y el malestar].


 De "Meditando en la mente misma, una enseñanza sobre la práctica del Mahamudra", por el maestro budista de la escuela tibetana Kagyu, Traleg Rinpoché, traducido y editado por Juan José Bustamante –las notas entre corchetes son nuestras. Publicado en inglés en la revista Buddhadharma, Invierno 2012