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miércoles, 9 de diciembre de 2020

¿QUÉ ES LA REALIDAD? VISIÓN DEL DZOGCHÉN O GRAN PERFECCIÓN DEL BUDISMO DEL TÍBET y del VEDANTA DEL HINDUISMO

 


El Falso Espejo, por René Magritte, 1928

QUÉ ES LA REALIDAD,

VISIÓN DEL VEDANTA DEL HINDUISMO

DEL 

DZOGCHÉN DEL BUDISMO DEL TÍBET


Texto ofrecido como ponencia en homenaje al Prof. Dr. José León Herrera, en la Universidad Católica del Perú el 4 de Diciembre de 2020 en el acto "La Sílaba que nos Une", por el Prof. Juan José Bustamante. 

¿Qué es la Realidad? Queremos conocer la Realidad que ES, más allá de la mera existencia condicionada, aparente y cambiante. 

¿Cuál es el Ser absoluto y cuál es la Verdad última para el ser humano? Necesitamos métodos de auto conocimiento y de realización de todas nuestras potencialidades, para descubrir nuestra verdadera identidad.

Para determinar la verdadera naturaleza de los fenómenos no debemos confiar enteramente en la percepción sensorial, inconsistente y sesgada, que imputa solidez y permanencia a fenómenos transitorios y aparentes. A la percepción sensorial la intervienen y modifican memorias y expectativas, en suma sesgos proyectados sobre los fenómenos.

Necesitamos sistemas de análisis poderosos no limitados por la interpretación, sino basados en la experiencia profunda del preguntador. Necesitamos desembarazarnos de los velos de la ignorancia e integrar este conocimiento penetrante a nuestra persona y a nuestra psique, para realizarnos como individuos completos, no fragmentados.

Dos métodos precisos de indagación e investigación de la Realidad nos interesan, el Jñana Yoga o Yoga del Conocimiento, en el caso del Vedanta hinduista, y el Ati Yoga o Dzogchén o Gran Perfección inherente a la mente completa, en el caso del Budismo del Tíbet.

Cuál es la visión de la Realidad del Vedanta Hinduista

Vedanta, de Veda, de la raíz sánscrita Vid que significa visión, ‘conocimiento, sabiduría’, por parte de aquellos videntes que “han visto la Realidad”, es la ‘culminación’ de la sabiduría, en su sentido más absoluto, sobre la verdadera naturaleza de los fenómenos y del más importante de entre ellos, el ser humano.

Esta visión es Advaita, en sánscrito ‘No-dos’, no dual. El Ser – Brahman – es la única Realidad. El Ser es el Conocimiento – la consciencia. Y el Ser Individual – Atman – no es diferente del Ser Absoluto. El maestro enseña: “Ese Ser, esa Esencia, eso eres tú”. Y el discipulo responde, a partir de su realización trascendente, “Yo soy Eso, el Ser Absoluto”.

Ramana Maharshi, un vedantino contemporáneo, se pregunta “Quién soy yo”, en una autoindagación por el verdadero Ser del yo humano (vichara) para superar las falsas identificaciones de la mente: ¿Cuál es el Ser de mi yo?, ¿cuál es su verdadera Realidad? Es un interpelar que anula el objeto y el sujeto mental y que impulsa un salto a lo real. La pregunta, al ser reiterada, aniquila la mente y destruye hasta su última semilla inconsciente, pues no hay respuesta a un inquirir por el Ser absoluto a partir de la mente relativa.

La indagación del conocedor también revela que ni el cuerpo físico, ni los sentidos ni las percepciones, ni las acciones son el Ser. Tampoco lo son las fuerzas vitales, ni la mente que piensa, menos aún la ignorancia o el conocimiento dualista, basado en inclinaciones, impulsos, deseos, propensiones latentes.

Habiendo hecho negación de todo lo que parece ser el ser humano (“neti”, “neti ” na-iti, “no-esto”, “no-aquello”)  sólo el puro conocimiento permanece, un “yo soy” que es el verdadero Ser.

La naturaleza de este conocimiento “yo soy” es SAT – CHIT – ANANDA:

Ser – Consciencia – Plenitud.

Así, en el Vedanta, el Ser real trasciende lo fenoménico, el yo instrumental del ser humano y, por ello toda sobreimposición de realidad a cualquier sujeto, objeto o situación es ilusoria, una visión relativa, engañosamente real. Esta ilusión es Maya, Lila, un juego de los sentidos que imputa realidad a las experiencias, cuando sólo son relatividades y apariencias: es por Maya que el mundo y los entes nos aparecen como reales. Maya afecta nuestra consciencia, vistiendo de quimeras, de multiplicidad y de impermanencia, lo que en verdad es Real, Uno y Permanente.

Es también por acción de Maya, que el jivatman, el ser vivo, la persona, aunque posea la luz de la consciencia del Ser, sattva, que en él predomina, se refleje como singularidad cambiante (rajas) y opaca (tamas), creándose así la ilusión de lo individual y la falsa identificación con el complejo cuerpo-mente. El ser viviente dice de sí: “soy esto y soy aquello” y almacena las impresiones y tendencias de sus acciones que se expresan en el presente y determinan su futuro, el karman.

Y como el jivatman, el mundo todo, el samsara, es un reflejo cambiante del Ser inmóvil, o más bien un espejismo del Ser. El yo, el tú, el Universo son Brahman. Sólo Brahman es real.

Siendo el Ser nuestra verdadera identidad, el objetivo de este camino espiritual y filosófico es la liberación del sufrimiento implicado en ser sólo un “yo” personal y limitado, disolver el espejismo del ego y de la mente ordinaria, retirar el velo de la ignorancia, descubrir la Realidad absoluta del sí mismo y del Universo.

Por lo tanto, la liberación significa un cambio en el estado de consciencia alcanzado a través de la práctica introspectiva de la indagación, que permite obtener el conocimiento realizado, jñana, y descubrir nuestra verdadera identidad como consciencia perfecta.

Es entonces que el jivatman, el ser vivo, se transforma en el jivanmutki, el liberado en vida: la mente mirando la mente se ha disuelto a sí misma y a toda apariencia personal.

La experiencia humana como espacio de dolor ha sido trascendida y solo Brahman Es.

Cuál es la Visión de la Realidad del Dzogchén del Budismo del Tíbet

El Dzogchén es también un camino radical para Conocer la Realidad del mundo y los seres en su naturaleza más absoluta, no dual. No niega sin embargo la perspectiva relativa, que es una percepción fragmentaria de una Realidad más completa, no evidente y que se ignora. Y vivir en la ignorancia causa incomodidad, dolor, sufrimiento.

El Dzogchén y el Vedanta son visiones que llegan a la misma Realidad, pero usando diferentes vocabularios. Para el Vedanta todo es Ser, para el Dzogchén, como en todas las enseñanzas budistas y en aparente contradicción con el Vedanta, nada de lo existente posee un Ser inherente, todo existe en constante cambio e interdependencia, pues antes de llegar a ser se disuelve en una ausencia o vacío de realidad intrínseca. Sin embargo, cuando se describe esta Vacuidad del Dzogchén advertimos que posee la misma naturaleza que el Ser del Vedanta, la del Brahman Nirguna o Brahman sin gunas o cualidades. Es decir, vacío de cualidades…

El Dzogchén o Ati Yoga (Ati, de Adhi, primordial) es el Conocimiento de la Verdadera Naturaleza de la Mente, la Realidad, la Base impersonal de la mente instrumental y personal del yo. Este Yoga reconoce y constata la Auto Liberación de los contenidos de la mente que surgen desde su Base, ya siempre completa y perfecta, y retornan a ella. Para el Dzogchén, lo que verdaderamente surge en la mente ordinaria es la luminosidad natural de la Consciencia, Ödsel, su inteligencia innata, aun cuando esta sea luego utilizada para fines contingentes no inteligentes.

La completa perfección de la mente la realizamos mediante Rigpa, (S. Vidya), la contemplación de este continuo surgir y cesar – del crucial auto liberarse. La Verdadera Naturaleza de la Mente o Realidad es entonces experimentada como ese espacio mental, vacío, libre y puro, que es la “la Base” o Ghzi, un espejo en el que aparecen los reflejos de su energía, thukllé, “la clara luz de la mente”, la cual, aunque no posee una forma específica, se manifiesta continuamente en la mente instrumental bajo el aspecto de la multiplicidad de las formas mentales, emocionales y corporales, namtog (S. vikalpa). La mente posee, sin embargo, una cualidad natural, su capacidad de darse cuenta, su cognocitividad, su consciencia de lo que surge delante del espejo, su percatación de las manifestaciones de la Base hechas de espacio y luz mentales y configuradas por la fuerza de las propensiones, que resultan de las propias acciones, el karman

El nombre de esta visión es Dzogchén, en tibetano, de dos partículas: Dzogpa, completo y Chenpo, grande. Pero Dzogchén no designa solamente un camino particular de realización de las potencialidades humanas, Dzogchén es nuestra verdadera naturaleza, nuestra Realidad última, Pura e Inteligente. La verdadera naturaleza de la mente es la Plenitud, la compleción, la no carencia.

Respecto a la ilusoria carencia, hace 2500 años, el Buda nos ofreció su primera y principal enseñanza: las cuatro Nobles Verdades, que en nuestra opinión prefiguran y contienen la esencia del Dzogchén, el camino de la Auto Liberación enseñado más tarde por el primer maestro del Dzogchén, Garab Dorje. La Segunda Noble Verdad nos revela que la causa del sufrimiento es el surgimiento, Samudaya, de una sensación de carencia a partir de la cual se origina el deseo, la sed o avidez, tanha. Sin ella no habría insatisfacción, no habría ansias, y entonces no se presentaría la frustración, el sufrimiento, dukha, la “incomodidad”, la Primera Noble Verdad.

Sin embargo el Buda también nos dijo que la sensación de carencia, lejos de ser algo sólido y subsistente por sí mismo, es solo un contenido de la mente, un surgimiento impermanente, dependiente de causas y condiciones, que puede extinguirse y por ello expuso la Tercera Noble Verdad, la Verdad de la Cesación, nirvana, que alcanzada mediante un camino de realización, el Óctuple Sendero, la cuarta Noble Verdad. El  primero de los Senderos es la Visión correcta, y que es coincidente con la del Dzogchén.

Todos los surgimientos cesan, naturalmente, si no los sostenemos.

Para llegar a descubrir la Mente completa del nirvana, ponemos en práctica dos actitudes: el “Cortar a través de las tensiones”, el Tregchöd, y el “Cruzar Saltando Directamente”, el Thögyal.

Puesto que las tensiones son solamente aparentes, podemos, en primer lugar, cortar a través de ellas y penetrar hasta la pureza original, kadag, mediante una Apertura Sin Objeto, que consiste en relajarse integralmente y soltar las ataduras.

Luego, descubrimos la mente vasta mediante el “Cruzar Saltando Directamente” o  Thögyal, en el cual se une el espacio de la clara luz de los surgimientos o formas mentales, con el espacio de la consciencia pura, donde esos surgimientos se disuelven y se auto liberan en la expansión espaciosa en la Apertura Natural. Así se extinguen las apariencias y estructuras mentales y así se cruza al espacio absoluto de la última realidad, llamada “la Gran Transferencia a la Espontaneidad”. Es espacio disolviéndose en espacio. Al soltar el control, se transfiere todo al espacio absoluto de la consciencia – se le suelta y se le permite que se auto libere, por sí solo, sin esfuerzo.

Al liberarse todo surgimiento, se deja al descubierto la llamada Mente Vajra – término que significa rayo o diamante, representando la naturaleza de la realidad última, que es  invulnerable, indestructible, real, incorruptible, estable, inobstruída e invencible.

La pureza primordial de la mente es la naturaleza última de lo existente, es expansión que todo lo comprende, una consciencia primordial no conceptual. El Dzogchén es nuestro estado auto perfecto, lhundrub, la Asidad, la Talidad, la Verdadera Naturaleza de la Mente.

Todo es puro en la consciencia pura. Las apariencias impuras en la mente no lo son en realidad. Por eso las tomamos como el camino, no para transformarlas en puras, sino para reconocer su pureza primordial. Al permitir la auto liberación, encontramos que ni siquiera hay una Base o raíz de los pensamientos – eso sería reificar. Sólo hay espaciosidad.

Así se descubre que la llamada ‘Base o Fuente’ tiene en realidad la misma pureza que la mente llamada ‘ordinaria’, donde toda aparición mental y emocional es pura, porque está hecha de espacio mental primordialmente puro. Y descansamos allí, sin observar, sin enfocar la atención en un solo punto – con la mente descansada.

Permanecemos en el terreno del Ser, sin caer en los extremos de la paz o de la existencia mundana, mediante el solo ojo de la Consciencia Pura. Así nos mantenemos en un estado contemplativo, en Consciencia de la Consciencia, el Soberano que todo lo crea, en Rigpa. Consciencia consciente. No identidad. Consciencia que penetra la Realidad.

En el estado auto liberado transcurre nuestra vida en el llamado samsara, o mundo del sufrimiento, que sólo está en la mente condicionada. Dejamos que la consciencia sea la que conozca y perciba la realidad tal como es, donde lo que se experimenta es naturalmente liberado, aún el aferramiento dualista y las fabricaciones mentales se desvanecen sin ser reificadas.

El sujeto no es el yo, es la consciencia. Este es el rostro detrás de la máscara de la persona: la pureza original de la realidad última, sin que tengamos que abandonar al yo convencional – puesto que es ilusorio, ¿qué vas a abandonar? El yo más bien es el medio para conocer la sabiduría. Reconocemos que el yo es un despliegue espontáneo del espacio mental puro y lleno de potencialidades, el Poder Creativo de la Mente.

Ejercemos el estado primordial poniendo en práctica la no-meditación, sólo la mente cómoda.

El tiempo es abolido. ¡Sólo queda el instante! Eso es todo.


*Puede verse el video del homenaje al Prof. Dr. José León Herrera, en la Universidad Católica del Perú el 4 de Diciembre de 2020 en el acto "La Sílaba que nos Une". 



domingo, 30 de agosto de 2015

YOGA DE LOS SUEÑOS –VER ANGUSTIAS COMO PESADILLAS IRREALES


La práctica de Recordar, Reconocer y Cambiar Sueños
Darse cuenta que soñamos mientras soñamos (sueños lúcidos)
La vida normal es como un sueño y los sueños son irreales
Despertar a la realidad

“Una de las formas  principales para que los practicantes desarrollen claridad en los sueños, es tener éxito en hacer la practica de la luz natural. Por medio de esto surge la consciencia en los sueños. Pero no solo la consciencia, al hacer esta practica continuamos desarrollando la claridad de los sueños, y disminuimos nuestros sueños de residuos ordinarios”.

De “El Yoga de los Sueños” por Namkhai Norbu Rinpoche

“Durante el dia, sosten la atencion sin distraccion: ‘Todas las apariencias son como el sueño’. Piensa que estas cosas aparecen, pero no son realmente existentes. Reconoce los eventos como sueños, diciendo ‘estoy dormido, esta apariencia es un sueño, es una ilusion’. Las apariencias parecerán vacías de verdadera existencia, y vacías de miedo”.

De “Ancient Wisdom. Nyingma teachings on Dream Yoga, Meditation and Transformation”, por Gyatrul Rinpoche

“El Buda describe el mundo que consideramos real, como un sueño  cambiante. Los sueños de claridad aparecen a partir de la lucidez de la mente; todos tienen un potencial infinito, cualidades sin manifestar. En el sueño lucido puede percibirse la claridad natural de la mente. Se puede  adquirir comprension, conocimiento o metodos para la practica que nunca han  tenido antes, si se mantiene lucidez y consciencia dentro del sueño, y las practicas espirituales resultan hasta nueve veces mas facil y rapidamente dentro del sueño (al ser los obstaculos menos reales).
Descubrir que la condicion del sueño es irreal puede eliminar la vision limitada. Liberarnos de las cadenas de las emociones, el apego y el ego, y alcanzar finalmente la Iluminacion”.
De “El Yoga de los Sueños” por Namkhai Norbu Rinpoche

“Cuando dormimos, nuestro ‘yo’ desaparece, lo perdemos y despues lo reencontramos en los sueños, viviendo ‘otra’ realidad. En la mañana despertamos y perdemos el yo de los sueños y ‘esa’ realidad, continuando la ‘verdadera’ vida real. Pero en cierto modo todavia estamos durmiendo y soñando (¿Cual es la verdadera realidad?). Podemos escoger entre continuar en este estado engañado (‘soñado’), o despertarnos a la verdad. La tercera parte de nuestras vidas que pasamos durmiendo puede ser usada para practicar una vision mas alta de la realidad.

De “The Tibetan Yogas of Dream and Sleep”, por Tenzin Wangyal Rinpoche


Incluye Meditaciones guiadas
Horarios: los JUEVES de 7 a 9 pm, del 3 al 24 de SEPTIEMBRE 2015

Por 4 clases: S/. 120
Más información en www.perubudismo.org 

miércoles, 13 de mayo de 2015

FILOSOFÍA BUDISTA: UNA PRÁCTICA DE LA VACUIDAD.


El Budismo es la Vía hacia el Despertar, y proviene de la raíz sánscrita BUDH que significa inteligir, darse cuenta, consciencia.

El Budismo tiene muchos aspectos, el religioso, el psicológico, y el filosófico, en tanto propone conocer la realidad tal como es (una “práctica” o experimentación de los principios filosóficos).

Hay entonces muchas maneras de llegar al objetivo de la práctica budista, la liberación del sufrimiento.

Las 4 Nobles Verdades: Ennoblece saber que se sufre, Ennoblece conocer  la causa del sufrimiento, ennoblece saber que la causa del sufrimiento cesa, y hay un camino óctuple para realizarlo.

La causa del sufrimiento es estar engañado por la sensación de carencia, que nos hace creer en nuestras limitaciones y estados de no completud.

Darse cuenta que la sensación de carencia cesa es el Nirvana, el no-fuego del sufrimiento. Es la liberación. La cesación es lo más importante: Todo lo que surge en la mente cesa, todas las manchas contingentes que surgen debido al karma –la acción- cesan. ¿Qué queda? La realidad.

De acuerdo a diferentes interpretaciones de la realidad existen varias escuelas budistas. Una es que la realidad es impura y hay que purificarla. Otra es que es impura, pero se puede transformar en pura. Y otra que sostiene que es pura.

Nos interesa la última, la que ve la realidad como pura.

Ello se basa en un texto fundamental, el llamado “Corazón de la Sabiduría” o ‘Perfección de la Sabiduría’, la Prajñaparamita Sutra, o “Sabiduría Ida Más Allá”. Más allá de lo ordinario, de lo dual.

Lo dual corresponde a la visión ordinaria que ve todo como bueno o como malo. Interesa realizar la visión no-dual, que va más allá de bueno o malo, como experiencia, no como dogma.

En este texto la afirmación central es:
LAS FORMAS SON EL VACÍO, EL VACÍO SON LAS FORMAS.

La Vacuidad es la cualidad de Vacío. Se refiere a que las formas –los fenómenos– son vacías o carentes de esencia inherente o independiente. Nada se sostiene por sí mismo. Todo depende de factores prestados, todo es compuesto por componentes que siempre están cambiando –nunca llegan a ‘ser’– y por tanto ocasionan sufrimiento, porque todo se descompone, decae, y no queda nada a lo que aferrarse. Todo es vacío de un ser propio.

El vehículo que propone realizar esto es el Mahayana: Dice “FORMA ES VACUIDAD”. La Forma, los fenómenos y el resto de agregados están desprovistos (“vacíos”) de un yo o identidad substancial.

La dimensión relativa de la forma es ‘vacía’. 

Todos los fenómenos externos e internos están ‘vacíos’ de una identidad absoluta. Va de las formas aparentes a la Vacuidad.

La Vacuidad no se puede comprender tan sólo intelectualmente, debe experimentarse.

Es por tanto raro que llegue a vivirse en función de la Vacuidad, que pareciera que recusa la validez de las formas.

Por eso el texto mencionado las rescata y pone en valor, porque sólo podemos usar las formas para darnos cuenta de la No-Forma, la Vacuidad: “EL VACÍO SON LAS FORMAS”.

El vehículo que aplica especialmente este punto de vista es el Vajrayana. Vajra: Diamante, o Rayo.

El Vajrayana va de la Vacuidad a la Forma.
El Tantra deriva del sistema filosófico Gran Madhyamaka, o Madhyamaka interior, o Vacuidad Cualificada (gzhen-stong o shentong).

Proviene del Tercer ciclo de enseñanzas o Tercer Giro de la Rueda del Dharma: Todos los seres están dotados de la naturaleza de buda, y tienen el potencial de su realización.

Vacuidad cualificada. Todos los fenómenos están desprovistos de existencia propia, pero a nivel último la Naturaleza de la Mente es la unión inseparable de Vacuidad y Claridad [Consciencia]. Esta Claridad [Consciencia] también está desprovista de existencia propia.

La Naturaleza de la Mente está desprovista de impurezas, no está desprovista de cualidades. [El espacio de la mente es inteligente, conoce, y sabe que conoce].

*Es parecido al Yogacara o Cittamatra (Sólo Mente) pero no es lo mismo.

No es una mera ausencia o negación de la existencia independiente, sino que también es una experiencia pura, una presencia no-dual. 

Habla de la Iluminación en términos de la Clara Luz (prabhasvara), talidad (tathata) o semilla de la Iluminación (tathagatagarbha).

Se basa en “VACUIDAD ES FORMA”, la segunda parte de la aseveración central del Sutra del Corazón, el Prajñaparamita hrdaya sutra.

Y no se trata de la forma sólida ordinaria, sino de la Forma insubstancial que adopta la Vacuidad [una “configuración” transitoria y aparente].

En vez de considerar la formas como impuras y condicionadas, se abre la mente para percibir directamente la talidad o la pureza intrínseca de la Forma. La existencia es totalmente pura desde el ‘sin principio’.

En los sutras se describe la realidad como imperfecta, irreal como un espejismo, un sueño o un reflejo. En el Vajrayana la esfera de la forma es abierta, inmaculada e intrínsecamente luminosa. [La Consciencia].

La Forma no es un subproducto desdeñable de la Vacuidad, sino que es inseparable de la verdad última de la Vacuidad.

Primero hay que comprender la Vacuidad de existencia independiente de todos los fenómenos, y luego comprender el potencial creativo de esta Vacuidad, que crea todas las formas, que son intrínsecamente puras, lo cual incluye al cuerpo, la mente, y el entorno (los fenómenos).

Entonces la práctica consiste en llegar a ver las formas como puras, incluyendo aún las emociones conflictivas y el yo, por un proceso de transformación (de impuras a puras, y también de ir más allá de la forma –Trans-formar).

Así se valora el flujo de percepción y de consciencia, que substituye la concepción ordinaria de la realidad, por una visión que integra Forma y Vacuidad, en dirección a despertar de la condición de ignorancia sobre la realidad de los fenómenos.

Las prácticas del Vajrayana incluyen las 4 Actividades de:
Pacificación, Incremento, Magnetización y Destrucción.

Pacificación: Eliminación de cualquier desequilibrio, sobre todo psicológico.

Incremento: Saturar la propia experiencia con un sentido de Plenitud, fortaleza y riqueza interna.

Magnetizar: Acopiar confianza en los propios recursos internos y dejar de ser juguete de las circunstancias.

Destrucción: Apartar del camino los obstáculos internos más persistentes.

EL GOZO: Generar estados de consciencia claros y gozosos, a integrar con la comprensión de la Vacuidad.

ATIYOGA Y EL CAMINO DE LA LUMINOSIDAD NATURAL

La práctica más alta de la Vacuidad es propuesta por el Atiyoga (integración primordial, o natural, dzogchén), parte del Vajrayana, pero no del método de transformación del Tantrayana. Ya no se trata de purificar ni transformar, sino de la Liberación Natural de todas las experiencias.

Se basa en la contemplación no intencional de la Clara Luz de la Conciencia Pura. Es el reconocimiento de que todas las experiencias son manifestaciones o experiencias de la fundamental Clara Luz de la Consciencia, lo que lleva a la comprensión de la verdadera naturaleza de la mente.

Se afirma que las elaboradas prácticas de otros vehículos budistas más bien obscurecen o alteran el estado natural de la mente, ya que utilizan un antídoto para erradicar aquello que trasciende todo antídoto, tratan de purificar lo que ya es la pureza absoluta (la Vacuidad), o tratan de transformar aquello que ya es la iluminación misma, la mente natural.

El esfuerzo más grande consiste en abstenerse de esfuerzo, lo que permite acceder a la potencialidad primordial o natural original.

Pero no todas las personas comprenden que no hay nada a qué aferrarse, nada que practicar, que se trasciende incluso toda noción de alcanzar un resultado más allá del estado de consciencia presente. Esto no quiere decir inactividad, sino la actividad más sutil, la contemplativa. Por eso hay muchas escuelas según las capacidades de los practicantes.

Esto sin embargo no aleja al practicante de la vida sino que lo sumerge en ella, pues todo es puro.

En resumen:
El Budismo es la Vía hacia el Despertar, y proviene de la raíz sánscrita BUDH que significa inteligir, darse cuenta, consciencia.

Su aspecto filosófico propone conocer la realidad tal como es, como una “práctica” o experimentación de los principios filosóficos.

El objetivo de la práctica budista es la liberación del sufrimiento, el que se afirma que es ilusorio, debido a un error de percepción e interpretación.

La causa del sufrimiento es estar engañado por la sensación de carencia, que nos hace creer en nuestras limitaciones y estados de no completud.

La cesación de esa apariencia engañosa es lo más importante: Todo lo que surge en la mente cesa, todas las manchas contingentes que surgen debido al karma –la acción– cesan. ¿Qué queda? La realidad.

Nos interesa la visión que sostiene que la realidad es pura. La experiencia no-dual, que va más allá de bueno o malo. Lo Puro.

Las formas –los fenómenos externos e internos, incluido el yo – son vacías o carentes de esencia o identidad absoluta inherente o independiente, ni buenas ni malas en sí mismas. Son Puras.

Esta Vacuidad no puede comprenderse tan sólo intelectualmente, debe experimentarse. Es una práctica.

La naturaleza de todos los seres es pura, y todos tienen el potencial de darse cuenta. Observando su mente.

A nivel último la Naturaleza de la propia Mente de cada uno es la unión inseparable de Vacuidad y Consciencia. El espacio de la mente es inteligente, conoce, y sabe que conoce. Y eso libera del sufrimiento.

El conocer mismo no sufre, sólo sufre el yo que se cree absolutamente real, cuando es sólo un instrumento cambiante sin identidad inherente.

Pero cuando observamos la mente sólo vemos un espacio mental lleno de formas, es decir pensamientos y sensaciones, que se advierte que surgen de ese espacio. Por eso los pensamientos no son desdeñables, nos permiten ver la Vacuidad: “EL VACÍO SON LAS FORMAS”.

Los pensamientos son formas insubstanciales que adopta la Vacuidad, como una “configuración” transitoria y aparente. Son el potencial creativo de esta Vacuidad.

Es una experiencia pura, una presencia no-dual. Iluminación en términos de la Clara Luz de la Consciencia.

En vez de considerar las formas como impuras y condicionadas, se abre la mente para percibir directamente su talidad o la pureza intrínseca de la Forma. La existencia es totalmente pura.


Esto hace posible la visión y la práctica de la Liberación Natural de todas las experiencias, en el Estado Natural del ser humano, lo que pone a su alcance la felicidad duradera y no contingente.

Texto base para una conferencia del Prof. Juan José Bustamante en la Universidad Católica, el 13 de Mayo del 2015