miércoles, 9 de diciembre de 2020

¿QUÉ ES LA REALIDAD? VISIÓN DEL DZOGCHÉN O GRAN PERFECCIÓN DEL BUDISMO DEL TÍBET y del VEDANTA DEL HINDUISMO

 


El Falso Espejo, por René Magritte, 1928

QUÉ ES LA REALIDAD,

VISIÓN DEL VEDANTA DEL HINDUISMO

DEL 

DZOGCHÉN DEL BUDISMO DEL TÍBET


Texto ofrecido como ponencia en homenaje al Prof. Dr. José León Herrera, en la Universidad Católica del Perú el 4 de Diciembre de 2020 en el acto "La Sílaba que nos Une", por el Prof. Juan José Bustamante. 

¿Qué es la Realidad? Queremos conocer la Realidad que ES, más allá de la mera existencia condicionada, aparente y cambiante. 

¿Cuál es el Ser absoluto y cuál es la Verdad última para el ser humano? Necesitamos métodos de auto conocimiento y de realización de todas nuestras potencialidades, para descubrir nuestra verdadera identidad.

Para determinar la verdadera naturaleza de los fenómenos no debemos confiar enteramente en la percepción sensorial, inconsistente y sesgada, que imputa solidez y permanencia a fenómenos transitorios y aparentes. A la percepción sensorial la intervienen y modifican memorias y expectativas, en suma sesgos proyectados sobre los fenómenos.

Necesitamos sistemas de análisis poderosos no limitados por la interpretación, sino basados en la experiencia profunda del preguntador. Necesitamos desembarazarnos de los velos de la ignorancia e integrar este conocimiento penetrante a nuestra persona y a nuestra psique, para realizarnos como individuos completos, no fragmentados.

Dos métodos precisos de indagación e investigación de la Realidad nos interesan, el Jñana Yoga o Yoga del Conocimiento, en el caso del Vedanta hinduista, y el Ati Yoga o Dzogchén o Gran Perfección inherente a la mente completa, en el caso del Budismo del Tíbet.

Cuál es la visión de la Realidad del Vedanta Hinduista

Vedanta, de Veda, de la raíz sánscrita Vid que significa visión, ‘conocimiento, sabiduría’, por parte de aquellos videntes que “han visto la Realidad”, es la ‘culminación’ de la sabiduría, en su sentido más absoluto, sobre la verdadera naturaleza de los fenómenos y del más importante de entre ellos, el ser humano.

Esta visión es Advaita, en sánscrito ‘No-dos’, no dual. El Ser – Brahman – es la única Realidad. El Ser es el Conocimiento – la consciencia. Y el Ser Individual – Atman – no es diferente del Ser Absoluto. El maestro enseña: “Ese Ser, esa Esencia, eso eres tú”. Y el discipulo responde, a partir de su realización trascendente, “Yo soy Eso, el Ser Absoluto”.

Ramana Maharshi, un vedantino contemporáneo, se pregunta “Quién soy yo”, en una autoindagación por el verdadero Ser del yo humano (vichara) para superar las falsas identificaciones de la mente: ¿Cuál es el Ser de mi yo?, ¿cuál es su verdadera Realidad? Es un interpelar que anula el objeto y el sujeto mental y que impulsa un salto a lo real. La pregunta, al ser reiterada, aniquila la mente y destruye hasta su última semilla inconsciente, pues no hay respuesta a un inquirir por el Ser absoluto a partir de la mente relativa.

La indagación del conocedor también revela que ni el cuerpo físico, ni los sentidos ni las percepciones, ni las acciones son el Ser. Tampoco lo son las fuerzas vitales, ni la mente que piensa, menos aún la ignorancia o el conocimiento dualista, basado en inclinaciones, impulsos, deseos, propensiones latentes.

Habiendo hecho negación de todo lo que parece ser el ser humano (“neti”, “neti ” na-iti, “no-esto”, “no-aquello”)  sólo el puro conocimiento permanece, un “yo soy” que es el verdadero Ser.

La naturaleza de este conocimiento “yo soy” es SAT – CHIT – ANANDA:

Ser – Consciencia – Plenitud.

Así, en el Vedanta, el Ser real trasciende lo fenoménico, el yo instrumental del ser humano y, por ello toda sobreimposición de realidad a cualquier sujeto, objeto o situación es ilusoria, una visión relativa, engañosamente real. Esta ilusión es Maya, Lila, un juego de los sentidos que imputa realidad a las experiencias, cuando sólo son relatividades y apariencias: es por Maya que el mundo y los entes nos aparecen como reales. Maya afecta nuestra consciencia, vistiendo de quimeras, de multiplicidad y de impermanencia, lo que en verdad es Real, Uno y Permanente.

Es también por acción de Maya, que el jivatman, el ser vivo, la persona, aunque posea la luz de la consciencia del Ser, sattva, que en él predomina, se refleje como singularidad cambiante (rajas) y opaca (tamas), creándose así la ilusión de lo individual y la falsa identificación con el complejo cuerpo-mente. El ser viviente dice de sí: “soy esto y soy aquello” y almacena las impresiones y tendencias de sus acciones que se expresan en el presente y determinan su futuro, el karman.

Y como el jivatman, el mundo todo, el samsara, es un reflejo cambiante del Ser inmóvil, o más bien un espejismo del Ser. El yo, el tú, el Universo son Brahman. Sólo Brahman es real.

Siendo el Ser nuestra verdadera identidad, el objetivo de este camino espiritual y filosófico es la liberación del sufrimiento implicado en ser sólo un “yo” personal y limitado, disolver el espejismo del ego y de la mente ordinaria, retirar el velo de la ignorancia, descubrir la Realidad absoluta del sí mismo y del Universo.

Por lo tanto, la liberación significa un cambio en el estado de consciencia alcanzado a través de la práctica introspectiva de la indagación, que permite obtener el conocimiento realizado, jñana, y descubrir nuestra verdadera identidad como consciencia perfecta.

Es entonces que el jivatman, el ser vivo, se transforma en el jivanmutki, el liberado en vida: la mente mirando la mente se ha disuelto a sí misma y a toda apariencia personal.

La experiencia humana como espacio de dolor ha sido trascendida y solo Brahman Es.

Cuál es la Visión de la Realidad del Dzogchén del Budismo del Tíbet

El Dzogchén es también un camino radical para Conocer la Realidad del mundo y los seres en su naturaleza más absoluta, no dual. No niega sin embargo la perspectiva relativa, que es una percepción fragmentaria de una Realidad más completa, no evidente y que se ignora. Y vivir en la ignorancia causa incomodidad, dolor, sufrimiento.

El Dzogchén y el Vedanta son visiones que llegan a la misma Realidad, pero usando diferentes vocabularios. Para el Vedanta todo es Ser, para el Dzogchén, como en todas las enseñanzas budistas y en aparente contradicción con el Vedanta, nada de lo existente posee un Ser inherente, todo existe en constante cambio e interdependencia, pues antes de llegar a ser se disuelve en una ausencia o vacío de realidad intrínseca. Sin embargo, cuando se describe esta Vacuidad del Dzogchén advertimos que posee la misma naturaleza que el Ser del Vedanta, la del Brahman Nirguna o Brahman sin gunas o cualidades. Es decir, vacío de cualidades…

El Dzogchén o Ati Yoga (Ati, de Adhi, primordial) es el Conocimiento de la Verdadera Naturaleza de la Mente, la Realidad, la Base impersonal de la mente instrumental y personal del yo. Este Yoga reconoce y constata la Auto Liberación de los contenidos de la mente que surgen desde su Base, ya siempre completa y perfecta, y retornan a ella. Para el Dzogchén, lo que verdaderamente surge en la mente ordinaria es la luminosidad natural de la Consciencia, Ödsel, su inteligencia innata, aun cuando esta sea luego utilizada para fines contingentes no inteligentes.

La completa perfección de la mente la realizamos mediante Rigpa, (S. Vidya), la contemplación de este continuo surgir y cesar – del crucial auto liberarse. La Verdadera Naturaleza de la Mente o Realidad es entonces experimentada como ese espacio mental, vacío, libre y puro, que es la “la Base” o Ghzi, un espejo en el que aparecen los reflejos de su energía, thukllé, “la clara luz de la mente”, la cual, aunque no posee una forma específica, se manifiesta continuamente en la mente instrumental bajo el aspecto de la multiplicidad de las formas mentales, emocionales y corporales, namtog (S. vikalpa). La mente posee, sin embargo, una cualidad natural, su capacidad de darse cuenta, su cognocitividad, su consciencia de lo que surge delante del espejo, su percatación de las manifestaciones de la Base hechas de espacio y luz mentales y configuradas por la fuerza de las propensiones, que resultan de las propias acciones, el karman

El nombre de esta visión es Dzogchén, en tibetano, de dos partículas: Dzogpa, completo y Chenpo, grande. Pero Dzogchén no designa solamente un camino particular de realización de las potencialidades humanas, Dzogchén es nuestra verdadera naturaleza, nuestra Realidad última, Pura e Inteligente. La verdadera naturaleza de la mente es la Plenitud, la compleción, la no carencia.

Respecto a la ilusoria carencia, hace 2500 años, el Buda nos ofreció su primera y principal enseñanza: las cuatro Nobles Verdades, que en nuestra opinión prefiguran y contienen la esencia del Dzogchén, el camino de la Auto Liberación enseñado más tarde por el primer maestro del Dzogchén, Garab Dorje. La Segunda Noble Verdad nos revela que la causa del sufrimiento es el surgimiento, Samudaya, de una sensación de carencia a partir de la cual se origina el deseo, la sed o avidez, tanha. Sin ella no habría insatisfacción, no habría ansias, y entonces no se presentaría la frustración, el sufrimiento, dukha, la “incomodidad”, la Primera Noble Verdad.

Sin embargo el Buda también nos dijo que la sensación de carencia, lejos de ser algo sólido y subsistente por sí mismo, es solo un contenido de la mente, un surgimiento impermanente, dependiente de causas y condiciones, que puede extinguirse y por ello expuso la Tercera Noble Verdad, la Verdad de la Cesación, nirvana, que alcanzada mediante un camino de realización, el Óctuple Sendero, la cuarta Noble Verdad. El  primero de los Senderos es la Visión correcta, y que es coincidente con la del Dzogchén.

Todos los surgimientos cesan, naturalmente, si no los sostenemos.

Para llegar a descubrir la Mente completa del nirvana, ponemos en práctica dos actitudes: el “Cortar a través de las tensiones”, el Tregchöd, y el “Cruzar Saltando Directamente”, el Thögyal.

Puesto que las tensiones son solamente aparentes, podemos, en primer lugar, cortar a través de ellas y penetrar hasta la pureza original, kadag, mediante una Apertura Sin Objeto, que consiste en relajarse integralmente y soltar las ataduras.

Luego, descubrimos la mente vasta mediante el “Cruzar Saltando Directamente” o  Thögyal, en el cual se une el espacio de la clara luz de los surgimientos o formas mentales, con el espacio de la consciencia pura, donde esos surgimientos se disuelven y se auto liberan en la expansión espaciosa en la Apertura Natural. Así se extinguen las apariencias y estructuras mentales y así se cruza al espacio absoluto de la última realidad, llamada “la Gran Transferencia a la Espontaneidad”. Es espacio disolviéndose en espacio. Al soltar el control, se transfiere todo al espacio absoluto de la consciencia – se le suelta y se le permite que se auto libere, por sí solo, sin esfuerzo.

Al liberarse todo surgimiento, se deja al descubierto la llamada Mente Vajra – término que significa rayo o diamante, representando la naturaleza de la realidad última, que es  invulnerable, indestructible, real, incorruptible, estable, inobstruída e invencible.

La pureza primordial de la mente es la naturaleza última de lo existente, es expansión que todo lo comprende, una consciencia primordial no conceptual. El Dzogchén es nuestro estado auto perfecto, lhundrub, la Asidad, la Talidad, la Verdadera Naturaleza de la Mente.

Todo es puro en la consciencia pura. Las apariencias impuras en la mente no lo son en realidad. Por eso las tomamos como el camino, no para transformarlas en puras, sino para reconocer su pureza primordial. Al permitir la auto liberación, encontramos que ni siquiera hay una Base o raíz de los pensamientos – eso sería reificar. Sólo hay espaciosidad.

Así se descubre que la llamada ‘Base o Fuente’ tiene en realidad la misma pureza que la mente llamada ‘ordinaria’, donde toda aparición mental y emocional es pura, porque está hecha de espacio mental primordialmente puro. Y descansamos allí, sin observar, sin enfocar la atención en un solo punto – con la mente descansada.

Permanecemos en el terreno del Ser, sin caer en los extremos de la paz o de la existencia mundana, mediante el solo ojo de la Consciencia Pura. Así nos mantenemos en un estado contemplativo, en Consciencia de la Consciencia, el Soberano que todo lo crea, en Rigpa. Consciencia consciente. No identidad. Consciencia que penetra la Realidad.

En el estado auto liberado transcurre nuestra vida en el llamado samsara, o mundo del sufrimiento, que sólo está en la mente condicionada. Dejamos que la consciencia sea la que conozca y perciba la realidad tal como es, donde lo que se experimenta es naturalmente liberado, aún el aferramiento dualista y las fabricaciones mentales se desvanecen sin ser reificadas.

El sujeto no es el yo, es la consciencia. Este es el rostro detrás de la máscara de la persona: la pureza original de la realidad última, sin que tengamos que abandonar al yo convencional – puesto que es ilusorio, ¿qué vas a abandonar? El yo más bien es el medio para conocer la sabiduría. Reconocemos que el yo es un despliegue espontáneo del espacio mental puro y lleno de potencialidades, el Poder Creativo de la Mente.

Ejercemos el estado primordial poniendo en práctica la no-meditación, sólo la mente cómoda.

El tiempo es abolido. ¡Sólo queda el instante! Eso es todo.


*Puede verse el video del homenaje al Prof. Dr. José León Herrera, en la Universidad Católica del Perú el 4 de Diciembre de 2020 en el acto "La Sílaba que nos Une". 



sábado, 21 de noviembre de 2020

 


Es natural que no nos guste el sufrimiento. Pero si podemos desarrollar la fuerza de voluntad para soportar las dificultades, entonces nos volveremos más y más tolerantes. No hay nada que no sea más fácil con la práctica. 

—H. H. el Dalai Lama, "Soportando los fuegos"


 

  

¿Por qué meditar?

Nuestra verdadera debilidad es pensar que no somos lo suficientemente buenos, y que hay una seguridad exterior que hay que encontrar. Si sientes que alguien más tiene la cordura y tú estás desordenado, entonces piensas que tienes que convertirte en alguien más, en lugar de convertirte en ti mismo. Cuando, a través de la práctica de la meditación, te das cuenta de que esto es lo que has estado haciendo, entonces tu vida se vuelve real y viable, porque ha sido viable todo el tiempo.

"Por qué meditamos", en Las Obras Completas de Chögyam Trungpa: Volumen diez

por Chögyam Trungpa Rinpoche

 


TULKU THONDUP 

La naturaleza transitoria de la existencia

Normalmente pensamos que una persona es un sujeto que percibe y está separado de los objetos, y tendemos a tratar los objetos como si fueran sólidos y fiables de alguna manera absoluta. Sin embargo, los objetos mentales - riqueza, poder, una casa, un programa de televisión, una idea, un sentimiento, cualquier fenómeno que se pueda pensar - no son realmente tan absolutos sino que son relativos, que surgen y mueren, y se ven sólo en relación con otros fenómenos.

Pero, ¿cómo puede ser esto, se puede preguntar? Seguramente, como mi "yo" lee un "libro", ambos existen, ya que parece que hay un "yo" que tiene el libro en mi mano. La respuesta es que todas las cosas existen en relación con las demás, y la existencia está marcada por el cambio. Tal vez la mejor manera de aclarar esto un poco sería usar el ejemplo del cuerpo. El cuerpo está cambiando todo el tiempo. En los bebés, podemos ver esto más vívidamente porque crecen muy rápido. Pero todos sabemos que todos los cuerpos cambian, incluso de un día para otro, por ejemplo, según lo que comemos o cuánto pesamos. Incluso nuestros estados de ánimo pueden afectar al cuerpo y reflejarse en nuestro aspecto, tal vez abatido o demacrado o bien brillante y vital. Sobre todo, sabemos que el cuerpo envejece y eventualmente muere. El cuerpo es una ilustración vívida de la naturaleza transitoria de la existencia. Si pensamos que el cuerpo es sólido, fijo e inmutable, y nos aferramos a esta noción, es decir, aferrarnos al cuerpo como "yo".

Fuente: Tulku Thondup, Curación sin límites

 


La marca de un verdadero practicante no es lo que surge en tu vida y mente, sino cómo trabajas con lo que surge.


-Dzigar Kongtrul Rinpoche, "El camino de la paciencia"


miércoles, 27 de mayo de 2020

LA CALMA MENTAL NO ES DETENER LOS PENSAMIENTOS, SINO RELAJARSE PARA ACEPTARLOS TAL Y COMO REALMENTE SON





La paz mental no es la mente en blanco sino relajarse para aceptar lo que se siente y piensa, para conocerse y liberarse más profundamente
La meditación comienza con la práctica de Calma, “permanecer en paz, en tranquilidad, en comodidad”. Hoy es llamada contemporáneamente mindfulness, atención plena o concentración.
Es una práctica importante que conduce a la penetración perspicaz de la realidad. Permite “ver dentro” de lo que son intrínsecamente los fenómenos y comprender qué es verdaderamente la mente, y eventualmente experimentar la absorción en la paz misma.
El propósito de la meditación es estabilizar la mente, cultivando una consciencia constante, inicialmente con objetos o soportes de meditación, que lleva a practicar sin apoyos, y a contemplar el espacio mental mismo, en una consciencia abierta.
La meditación de calma nos permite experimentar nuestra mente tal como es.
Cuando practicamos la calma, podemos ver que nuestra mente está llena de pensamientos, algunos conducentes a la felicidad y a realizar nuestra plenitud, y otros más bien conducen a reforzar la sensación de carencia que nos aqueja a todos los seres humanos haciéndonos sufrir. Se trata entonces de ver que todos los surgimientos son sólo pensamientos pasajeros, que terminan disolviéndose,  si es que no enganchamos en ellos ni los alimentamos.
Es normal que nuestras mentes estén llenas de pensamientos, pero hay que  comprender que eso es natural y no necesariamente malo que ocurran en la mente, pues pueden conducir al autoconocimiento y a la trascendencia de los límites.
Practicar la meditación calma nuestros pensamientos y emociones. Experimentamos tranquilidad mental y permanecemos observando con calma nuestros pensamientos y emociones tal como son, hechos de espacio mental, ni sólidos ni obligatorios.
Experimentar una consciencia estable es muy útil para poder investigar y comprender la naturaleza de la mente y de los pensamientos mismos.
Practicamos la calma para permitir una experiencia de integración mental, para darse cuenta de qué es verdaderamente la mente, de cuál es su verdadera naturaleza.
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La paz mental no es la mente en blanco, sino relajarse para aceptar radicalmente lo que se siente y piensa, y así liberarse más profundamente.
Es estar en paz, en tranquilidad, en comodidad.

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Por el Prof. JUAN JOSE BUSTAMANTE, Profesor de Budismo en la Universidad Católica por 30 años, estudios con Lama WangDor en la India por dos años en 1983-1984, 30 años de experiencia enseñando meditación, estudia y practica la meditación desde hace más de 45 años.


jueves, 27 de junio de 2019

LA CONTEMPLACIÓN RIGPA EN EL DZOGCHÉN




LA CONTEMPLACIÓN RIGPA 
EN EL DZOGCHÉN

Ir más allá de la Meditación y el Mindfulness

Meditar es calmar la mente ordinaria
Contemplar es reconocer la Consciencia

Lograr NEPA, El Estado Calmo
Fijación con objeto y sin objeto. Fijación Relajada

Integrar GYUWA, el movimiento de la mente
Familiarizarse con el movimiento de pensamientos y sensaciones,
sin distraerse por ellos.

Simultaneidad de quietud y movimiento
Los pensamientos siguen surgiendo pero no perturban

Autoliberación
Los pensamientos se desvanecen por sí mismos: se auto-liberan

Rigpa
Tres elementos simultáneos, presentes en la misma Base:
          1. nepa o estado calmo (como espejo de agua inmóvil -un lago).
          2. gyuwa, el movimiento (como una onda, una ola en el lago)
          3. rigpa, el reconocimiento y aceptación tranquila de esta ola.

Las Tres Sabidurías Resultantes de la Base
                    Su Esencia, ngowo
                    Su Naturaleza, rangshin
                    Su Energía, thugje