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martes, 4 de marzo de 2025

VISIÓN – NO HAY NADIE

 


“Cuando miras hacia dentro y observas,

llegarás a verte a ti mismo,

aunque no haya nada que ver allí.

Este ver es en sí mismo reconocimiento.

 

Es a esto a lo que llamamos ‘Visión’.”

 

Yeshe Tsogyal, maestra Dzogchén del 

budismo tibetano, siglo VIII E.C.

sábado, 15 de enero de 2022

MIRA LA CÓLERA MISMA


"Mira a la Cólera misma

En ese momento de ira, en vez de mirar a la persona o aquello que te hace colérico.

Mira la cólera misma. Medita. Tú conoces la naturaleza de la mente, tú sabes cómo meditar en eso.

Así que cuando la cólera surge, date cuenta de que el yo y lo otro no existen como los crees, y no están separados. La percepción dualista del yo y lo otro es un engaño".


–Khenpo Münsel Rinpoché, instrucciones a Garchen Rinpoché estando en la cárcel como prisioneros de consciencia

sábado, 21 de noviembre de 2020

 


La marca de un verdadero practicante no es lo que surge en tu vida y mente, sino cómo trabajas con lo que surge.


-Dzigar Kongtrul Rinpoche, "El camino de la paciencia"


jueves, 19 de enero de 2017

LOS SIETE DELEITES DE LA MENTE -Por GOTSANGPA, Siglo XII


Gotsangpa: Los Siete Deleites. Texto budista del siglo XII
Traducido por Maximino Miyar Teja
Namo Ratna Gurú (Homenaje a la joya que es el maestro)
1) Cuando los pensamientos con respecto a que hay algo que es percibido, y alguien que está percibiendo, seducen mi mente dispersándola y atrayéndola, yo no cierro las puertas de mis sentidos para meditar sin ellos; al contrario, me hundo directamente dentro de su naturaleza esencial (la Vacuidad)
2) Tales pensamientos son como nubes en el cielo; donde ellos vuelan, parece existir este reflejo. ¡Los pensamientos que surgen, son para mí un absoluto deleite!
2) Cuando estoy atrapado y dirigido por las aflicciones (kleshas), y cuando su calor me está abrasando, yo no intento aplicar un antídoto para eliminarlas; sino que de forma similar a un alquimista, cuya poción transforma el metal en oro, lo que está dentro de las aflicciones es el poder de otorgar un gozo sin contaminación, completamente libre de impurezas. ¡El surgir de las aflicciones, que absoluto deleite!
3) Cuando yo estoy sufriendo la plaga de los beneficios de los dioses mundanos, o las interferencias de las fuerzas demoníacas, yo no los llevo a un lugar alejado por medio de rituales y mantras; lo que ha de ser ahuyentado es la forma egoísta de pensar que están construida en base a la idea de una entidad personal inherentemente existente. Esto hará que aquellos que están incluidos dentro de la categoría de los maras (Los cuatro
Maras: 1) el mara de los agregados ; 2) el mara de las aflicciones, 3) el mara que es el Señor
de la Muerte; 4) el Mara Celestial, que gobierna sobre los dioses que tienen el “poder sobre las emociones de otros”), lleguen a convertirse en tus fuerzas especiales. ¡Cuando surgen los obstáculos, qué absoluto deleite!
4) Cuando la existencia cíclica (samsara), con todas sus angustias, me hace retorcerme preso de sus tormentos, en vez de sumirme en la miseria, yo cojo la carga más pesada que haya para viajar por el Camino del Gran Vehículo (Mahayana), y dejo que sea la compasión la que me impulse. ¡Coger para mí todos los sufrimientos de los otros, cuando las consecuencias kármicas florecen, qué absoluto deleite!
5) Cuando mi cuerpo ha sucumbido a los ataques de una penosa enfermedad, yo no busco un remedio en las medicinas, sino que cojo a esa misma enfermedad como un sendero, y por medio de su poder elimino los oscurecimientos que me están bloqueando, y lo utilizo para incrementar las cualidades que merecen la pena. ¡Cuando la enfermedad levanta su cabeza, que absoluto deleite!
6) Cuando llega la hora de abandonar este cuerpo, esta cubierta ilusoria, que ello no te cause ansiedad ni pesar; en lo que debieras de entrenarte y debiera de quedar despejado de toda duda para ti, es que no hay tal cosa como el morir; es solo la Luz Clara, la madre, y la luz clara del hijo que se están uniendo. ¡Cuando la mente abandona el cuerpo, que absoluto deleite!7) Cuando las cosas no marchan bien, cuando todo parece levantarse contra ti, no intentes encontrar una forma para cambiarlo todo; aquí el punto esencial de tu práctica es cambiar la forma en la que tú ves las cosas; no intentes detenerlas o mejorarlas. Las condiciones adversas surgen (por el poder del karma, fruto de las acciones anteriores, y cuya maduración es inevitable) ¡Es tan deleitante cuando esto sucede!
¡Ellas han hecho posible una pequeña canción de absoluto deleite!
Trad. al castellano por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso. Editado 3-09-2014.

lunes, 14 de noviembre de 2016


“La mente que ve algo, cesa rápidamente, y luego una conciencia diferente a la anterior escucha un sonido. Ningún yo ni alma se traslada de un acto perceptual al siguiente. En verdad, tu vida es sólo un instante.”


-Cynthia Thatcher, "Desconectar los Puntos".

miércoles, 22 de abril de 2015

LA VERDADERA NATURALEZA DE LA MENTE


Para entender cómo el mundo es una creación de la mente, es útil reconocer que nuestra mente tiene dos aspectos: la mente ordinaria y la mente iluminada. La mente ordinaria, también conocida en las enseñanzas budistas mahayana como la mente engañada, es conceptual, dualista, y emocional. Pero la mente es también iluminada, lo que es conocido como su estado despierto o la naturaleza búdica –es la naturaleza verdadera y pura de la mente. Para la mayoría de nosotros, los conceptos dualistas, las emociones malsanas y las sensaciones obsesivas (particularmente el fuerte aferramiento y el desear ansioso) de nuestra mente ordinaria cubren el aspecto iluminado de nuestra mente. Estos pensamientos son como las cubiertas que obstruyen el darse cuenta y la manifestación de  nuestra verdadera  naturaleza, tal como las nubes cubren el sol.

Para comprenderlo mejor hay que considerar la diferencia entre cómo una persona despierta y una persona común ven una flor. Cuando una persona despierta ve una flor, lo ve a través de sus iluminados ojos de sabiduría, que están libres del velo de la dualidad, de las emociones y de las sensaciones, y que moran más bien en la apertura sin límites, también conocida como la naturaleza de la “vacuidad”. Por el contrario, cuando una persona ordinaria ve una flor, lo ve a través de los ojos de su mente engañada, que se caracteriza por la dualidad. La dualidad conduce al apego y a la aversión, los cuales, a medida que se hagan cada vez más tensas y obsesivas, dan como resultado los ciclos  habituales de los fuegos artificiales de la euforia y de la miseria.


Tulku Thondup

domingo, 13 de abril de 2014

UNA MENTE DESPEJADA COMO EL CIELO —VASTA Y LUMINOSA



“Cuando la luz abarca todo el cielo,
toda la mente,
es la manifestacion de la unión
con la plenitud en su totalidad”

Dr. Onorio Ferrero

La Meditación, con la práctica, nos libera de nuestros enredos habituales en pequeñas historias y planes, conflictos, preocupaciones, que nos dan un pequeño sentido de nosotros mismos. La meditación nos hace descansar en la consciencia abierta y pura, que es vasta y despejada como el cielo.

En la meditación simplemente observamos en silencio las condiciones cambiantes de la mente, el placer y el dolor, la alabanza y la culpa, la letanía de  ideas, problemas y expectativas que se plantean. Pero no nos perturban.

Sin identificarse con eso, podemos descansar en la propia conciencia, más allá de las condiciones, en la experiencia llamada en la meditación birmana  jai pongsainuestra ligereza natural del corazón, la sensación de una mente y un corazón liviano y descansado. El desarrollo de esta capacidad de descansar en la consciencia, nutre nuestra atención y concentración, lo que estabiliza y clarifica la mente, y desarrolla la sabiduría prajna, que es la facultad de ver las cosas tal como son.

Esto funciona desde el principio de la práctica. Cuando nos sentamos a meditar, la mejor estrategia es observar simplemente cualquier estado de nuestro cuerpo, y dejar que la mente esté presente y relajada en eso, sin elaboración mental. Para sentar las bases de la atención plena, el Buda instruye a sus seguidores en “observar si el cuerpo y la mente se distrae o es estable, si se está enojado o en paz, excitado o preocupado, contraído o suelto, reducido o unido a la plenitud”.

Observando la mente tal como es, se hacen unas cuantas respiraciones profundas y relajadas, y se descubre que hay espacio para cualquier situación con la que nos encontremos, aún con la adversidad.

A partir de esta aceptación, podemos aprender a utilizar el poder transformador de la atención de una manera flexible y maleable. La atención inteligente puede funcionar como una lente de acercamiento, como un zoom.  En nuestra práctica diaria usamos la intensificación de nuestra atención. Una esmerada atención a la respiración o la  sensación, al sentimiento o pensamiento, o al movimiento preciso del cuerpo.

Con el tiempo podemos llegar a estar tan absortos que sujeto y objeto desaparecen. Nos convertimos en la respiración, nos convertimos en el hormigueo en el pie, nos convertimos en la tristeza o la alegría. En esto nos sentimos nosotros mismos naciendo con cada respiración, cada experiencia. El enganche doloroso se disuelve; nuestros problemas y miedos no nos perturban.

Nuestra experiencia del mundo se revela  a sí misma como pasajera y tranquila, inasible y libre. Nace la sabiduría.

Traducido, adaptado y editado de “Una Mente como el Cielo: Atención Sabia, Consciencia Abierta”, de Jack Kornfield

domingo, 2 de febrero de 2014

MEDITAR EN LA MENTE MISMA



Traducido y editado a partir de una enseñanza sobre la práctica de Mahamudra por el maestro budista de la escuela tibetana Kagyu, Traleg Rinpoché

De acuerdo con la tradición budista de la escuela Mahayana, los practicantes necesitan erradicar ciertas impurezas y oscurecimientos de la mente con el fin de darse cuenta de la verdad última, o realidad última, y la manera más eficaz de lograrlo es a través de la práctica de la meditación.

En términos generales, hay dos tipos de meditación que se usan: shamatha, la “meditación de tranquilidad”, y vipashyana, la “meditación de la visión”. A través de la práctica de shamatha, el meditador aprende a aquietar la mente para ser s centrado, resistente y resiliente, y consciente -y por lo tanto menos susceptible a las distracciones. Vipashyana, por otra parte, se lleva a cabo normalmente como una forma de análisis [intuitivo].

Mientras que la práctica de shamatha anima a la mente a estar más tranquila y menos perturbada por los pensamientos conceptuales, vipashyana utiliza estas reflexiones para ganar ciertas comprensiones, tales como la constatación de que no hay un yo permanente o inmutable [no hay una naturaleza inherente en ningún fenómeno, incluso en el ego].

La forma en que shamatha se presenta generalmente sugiere que a medida que la mente se vuelve más centrada, y los pensamientos discursivos y racionales aminoran [mientras se hace meditación], nuestra mente pasa por diferentes niveles de concentración y absorción. Entonces, cuando nos involucramos en vipashyana, después de haber perfeccionado la meditación shamatha, nuestro pensar ya no da lugar a la confusión conceptual, sino que da lugar a diversas comprensiones.

Se dice que la meditación budista es diferente de la meditación de otras tradiciones debido a esta práctica vipashyana, ya que otras tradiciones también tienen sus técnicas de calmar y concentrar la mente. Pero es a través de la meditación vipashyana que nos damos cuenta de que no hay tal cosa como un yo duradero o permanente, y que las entidades físicas no tienen una esencia duradera o permanente.

Mahamudra : Un enfoque tántrico

La pctica Mahamudra incluye estas dos técnicas de shamatha y vipashyana, pero a diferencia del Mahayana, de acuerdo a las enseñanzas del Mahamudra no es importante ir a través de los diferentes niveles de concentración y absorción en la meditación shamatha. En lugar de ello, es suficiente que  estabilicemos la mente. Incluso si no se ha alcanzado un estado final de concentración y no se ha logrado obtener un nivel de absorción, si la mente se ha vuelto más estable y menos susceptible a las distracciones, se puede proceder  con la práctica de vipashyana.

La práctica Mahamudra del vipashyana en realidad es bastante diferente del enfoque convencional que sostiene el sutra del Mahayana. En la tradición Mahayana, utilizamos normalmente el método del análisis para comprender la falta de esencia en todas las cosas, y para darnos cuenta de que todo lo que existe en los reinos físicos y mentales es un producto de causas y condiciones. A través de esta práctica vipashyana podemos obtener cierta comprensión conceptual de lo que es el vacío [de esencia inherente en todos los fenómenos], y esa comprensión conducirá a una experiencia directa de la vacuidad.

Sin embargo las enseñanzas del Mahamudra dicen que si se centra la mente en la mente misma, uno se dará cuenta de la naturaleza de la mente, y la naturaleza de todo lo demás. Así que en lugar de utilizar el razonamiento y el método analítico para reducir todo al vacío, se enfoca la mente en la propia mente, y se da el darse cuenta [awareness] de que la naturaleza de la mente es vacuidad. Entonces te das cuenta de que todo lo demás tiene la misma naturaleza, y que es el vacío [de una esencia propia].

Según los maestros del Mahamudra, el enfoque del sutra Mahayana usa los fenómenos externos como el objeto de la meditación vipashyana, mientras que el enfoque tántrico del Mahamudra utiliza la mente como objeto.

Sin embargo el enfoque del Mahamudra no analiza la mente para darse cuenta de que la naturaleza de la mente es vacuidad. En vez de eso el meditador usa la contemplación. En esta práctica el meditador permite que la mente esté en su estado natural, de tal modo que la mente misma revela su propia naturaleza. No analizamos la naturaleza de la mente y no necesitamos tener una comprensión conceptual del hecho de que la naturaleza de la mente sea vacía [de esencia]. Si se permite a la mente el estar en su estado natural y todos los pensamientos discursivos ceden, la naturaleza de la mente será revelada como vacía de una esencia permanente.

Al seguir las instrucciones para meditar del  sutra del Mahayana, se emplean diferentes antídotos para los diferentes obstáculos en la práctica del shamatha. Por el contrario, de acuerdo con el Mahamudra, no debemos estar demasiado preocupados por los obstáculos o con el uso de antídotos para calmar la mente. Deberíamos tener una sensación general de que todos los obstáculos que se presenten en la meditación se pueden dividir en dos categorías: la de los obstáculos del estupor o la somnolencia, y la del obstáculo de la agitación mental.

Cuando el obstáculo del estupor surge, la mente no se ve perturbada por la agitación de los pensamientos discursivos o los conflictos emocionales, pero carece de claridad. La mente se ha vuelto sosa y aburrida, y a veces esto es seguido por la modorra y la somnolencia.

La agitación mental, por otro lado, es más fácil de detectar porque la mente ha caído bajo la influencia de los pensamientos discursivos, las distracciones y los conflictos emocionales. En vez de usar antídotos para controlar la mente en estas situaciones, el enfoque del Mahamudra  recomienda dos métodos: el de la relajación y el del ajuste.

Si la mente se embota, la tensamos, “ajustamos” o “apretamos” a través de la aplicación de la atención plena (mindfulness). Tratamos de regenerar y reforzar nuestra atención del objeto de meditación, sea el que sea. Y si nuestra mente está agitada, debemos tener cuidado de no aplicar demasiada atención,  sólo trataremos de relajar la mente un poco más. Podemos “aflojar” la mente mediante el abandono de la atención o lo que sea que estamos usando para hacer que la mente esté más centrada.

Si nuestra mente se embota, también podríamos enderezar la columna, expandir el pecho, y tensar el cuerpo, haciendo nuestra postura un poco más rígida. Si la agitación mental está presente, podríamos suavizar o  ablandar nuestra postura para que nos sintamos más relajados, y enfocaremos la mente en la parte inferior del cuerpo. En todas las situaciones, se utilizan estos dos métodos de aflojar o tensar.

mo practicar Mahamudra

En Mahamudra, los principiantes de la meditación shamatha deben utilizar un objeto externo, como un trozo de madera, una piedra o cualquier objeto físico en su campo visual, y concentrarse en eso. Cada vez que la mente se distrae, no olvidar regresar a ese objeto físico. Después de practicar eso por un período, se puede utilizar el propio aliento como objeto de la meditación, mediante la aplicación de la atención a la respiración entrante y saliente. Para ayudarse en este proceso, incluso se puede contar las respiraciones. El conteo ayuda al enfoque de mente en la respiración, cuando ese es el objeto de meditación. Cada aliento entrante y saliente puede ser contado como uno solo.

Cuando se puede hacer eso con cierto éxito, pasar a utilizar la mente misma como el objeto de la meditación. Tratar de ser consciente de los pensamientos y emociones a medida que surgen, sin etiquetarlos, sin juzgarlos, sino simplemente mediante la observación de ellos. En tanto este proceso de observación se estabiliza, la atención se transformará en  consciencia. Si surge la distracción, tomar consciencia de esa distracción, y si surgen el embotamiento o el estupor, tomar consciencia de ello; si surge la agitación mental, tomar conciencia de eso.

Cuando se contempla la mente misma y se deja que la mente esté en su estado natural, se experimentará una sensación de claridad así como de estabilidad mental. En las enseñanzas de Mahamudra, esto se describe como el aspecto de la estabilidad y el aspecto de la claridad. Tanto la claridad mental y la estabilidad deben estar presentes.

De acuerdo con las enseñanzas del Mahamudra, si se prosigue esta práctica y se hace que la mente esté cada vez más estable y más clara, entonces incluso cuando surgen los pensamientos y las  emociones, no se perturbará la estabilidad y la claridad de la mente.

Si se puede mantener la claridad mental igualmente, sea que la mente esté tranquila o esté agitada, esta es la mejor forma de meditación.

El objetivo último de la meditación no es la erradicación o eliminación de los pensamientos y emociones [no es poner "la mente en blanco"], sino mantener ese sentido de consciencia (darse cuenta de la mente misma, o awareness) tanto cuando la mente está en movimiento, como cuando está en un estado de descanso.

La consciencia o darse cuenta –awarenessestá presente sea que la mente esté en un estado de reposo o en un estado de movimiento. Eso no hace ninguna diferencia. Hay un darse cuenta de la naturaleza de la mente (awareness) cuando la mente no hace distinción alguna en la meditación entre agitación mental y descanso. Al no hacer esta distinción, la mente se deja en su estado natural, y los pensamientos y emociones se auto liberan [la práctica del Mahamudra es en este respecto igual a la del Dzogchén].

Las enseñanzas del Mahamudra también dicen que no debemos juzgar o pensar en los pensamientos y emociones (particularmente los negativos) como que tienen que ser erradicados o eliminados. Si somos capaces de comprender la naturaleza de estos pensamientos y emociones, vamos a entender la naturaleza de la mente misma. En las enseñanzas, la relación entre la naturaleza de la mente y los pensamientos erróneos o engañosos se compara con un florecimiento de un loto que tiene sus raíces en el barro, o con el grano que crece en un campo abonado con estiércol. Así como un loto florece en el barro y los agricultores utilizan el estiércol maloliente para cultivar sus campos, alcanzamos la sabiduría mediante el darnos cuenta de la verdadera naturaleza de las impurezas mentales y obscurecimientos emocionales, no por deshacerse de ellos.

En tibetano se dice: “Si es que se ha abandonado las ilusiones y confusiones conceptuales de la mente, no se puede hablar de sabiduría”. De acuerdo con el entendimiento del Mahamudra, la sabiduría no se alcanza a través de la erradicación de las impurezas, sino del comprender la naturaleza de las impurezas.

Las enseñanzas del Mahamudra usan la frase “mente ordinaria”, lo que significa que el  comprender la [verdadera] naturaleza de la mente [la mente ordinaria], el darse cuenta de naturaleza búdica [la naturaleza despierta e iluminada de la mente ordinaria –aunque no nos demos cuenta de ello], eso no implica la eliminación de nada de lo que exista dentro de la mente. [La iluminación] Viene más bien de darse cuenta de la naturaleza de esta misma mente que ya tenemos: la mente que piensa, desea, anticipa, y siente. El problema no es que tenemos pensamientos y emociones, el problema es que no comprendemos la naturaleza de estos mismos pensamientos y emociones. A través de la práctica de la meditación la mente se vuelve más estabilizada y desarrolla un sentido de claridad mental. Entonces, si la consciencia o el darse cuenta se mantiene en tanto surgen los pensamientos y las emociones, y la mente se deja libre a sí misma, esos mismos pensamientos y emociones revelarán la naturaleza de la mente, al igual que una mente que no se perturba por los pensamientos y emociones que surgen de ella misma revela la verdadera naturaleza de la mente.

Dejar que la mente esté en su estado natural, sin esfuerzo

La técnica simple de dejar que la mente sea, se lleva a cabo ya sea tensando o aflojando el cuerpo y la mente. Sin embargo, incluso estos dos métodos no se deben hacer con deliberación o esfuerzo extremados, por lo que otra expresión del Mahamudra es muy útil: “Dejar la mente estar en su estado natural sin esfuerzo”. Este no esfuerzo viene de no juzgar, de no pensar que el surgimiento de los pensamientos y las emociones ha perturbado de alguna manera la mente o que altera nuestra meditación. Siempre y cuando la mente esté enfocada y haya un sentido de consciencia o darse cuenta, no importará lo que surge en la mente [sea bueno o malo: más allá de la dualidad], sea que la mente esté estable y en reposo o esté en un estado de movimiento; así puede llegar a suceder que se dé  un darse cuenta de que todo lo que ocurre en la mente tiene la misma naturaleza que la verdadera naturaleza de la mente [que la mente “ordinaria” de todos los seres es igual que la mente despierta del mismísimo Buda].

A través de la consciencia, nos damos cuenta de que la naturaleza de la mente tiene la doble característica de ser vacía [de esencia inherente], y también luminosa [pensante, o inteligente]. En cuanto a su aspecto de vacuidad, la naturaleza de la mente no es diferente de las cosas físicas no mentales, tales como por ejemplo las mesas y sillas, porque la naturaleza de la mesa y la silla es el vacío y la naturaleza de la mente es también el vacío [todo es vacío de una esencia, de un ser propio o inherente]. Sin embargo, en términos del aspecto claridad [inteligencia] de la naturaleza de la mente, ella es diferente de las cosas físicas no mentales, porque la naturaleza de la mente no es sólo el vacío -también es luminosa [consciente, inteligente –se da cuenta] al mismo tiempo. Esta luminosidad y claridad [darse cuenta claramente] es lo que distingue a la naturaleza de la mente de las cosas no mentales.

En última instancia, se dice que la naturaleza de la mente tiene tres cualidades: 1 ) la naturaleza de la mente es la vacuidad [la cualidad que caracteriza a las cosas vacías o carentes de un Ser o esencia propia], 2) a pesar de que la naturaleza de la mente es la vacuidad, a diferencia de la naturaleza vacía de las cosas o entidades físicas, también es luminosa [a pesar de ser vacía, aún así se da cuenta, es decir es inteligente], y 3) cuando la mente se estabiliza y la consciencia [el darse cuenta] se mantiene, incluso aún cuando la mente esté ocupada teniendo pensamientos y emociones, se experimentará dicha o felicidad [este es el aspecto sin trabas o ilimitado de la mente –no limitado por el sufrimiento]. En otras palabras, incluso cuando la mente está activa, la dicha o felicidad se revela, siempre y cuando la mente no le esté dando lugar [no le esté dando solidez] a la agitación o a la confusión y a los oscurecimientos –que son la causa fundamental del sufrimiento y la insatisfacción [que la mente no esté creyendo en la realidad intrínseca de los fenómenos mentales y físicos que surgen en ella misma, es decir que no esté creyendo en la realidad intrínseca y duradera del sufrimiento y el malestar].


 De "Meditando en la mente misma, una enseñanza sobre la práctica del Mahamudra", por el maestro budista de la escuela tibetana Kagyu, Traleg Rinpoché, traducido y editado por Juan José Bustamante –las notas entre corchetes son nuestras. Publicado en inglés en la revista Buddhadharma, Invierno 2012