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miércoles, 26 de junio de 2024

LA MEDITACIÓN AVANZADA ALTERA LA CONSCIENCIA Y NUESTRO SENTIDO BÁSICO DEL YO

 


*imagen: - Se puede utilizar una serie de electrodos para realizar una electroencefalografía (EEG) con el fin de estudiar la actividad eléctrica en el cerebro de meditadores avanzados. BSIP/Getty Images - Persona de espaldas mostrando los electrodos en la cabeza.

LA MEDITACIÓN AVANZADA ALTERA 

LA CONSCIENCIA Y NUESTRO 

SENTIDO BÁSICO DEL YO

Una ciencia emergente de la meditación avanzada podría transformar la salud mental y nuestra comprensión de la consciencia

POR MATTHEW D. SACCHET Y JUDSON A. BREWER

Número de julio de 2024 de Scientific American

Psicología

Publicado el 25 de Junio 2024 en el Daily Newsletter de Scientific American


Millones de personas en todo el mundo practican la meditación de atención plena, no solo por su salud mental, sino como un medio para mejorar su bienestar general, reducir el estrés y ser más productivos en el trabajo.

La última década ha visto una ampliación extraordinaria de nuestra comprensión de la neurociencia que subyace a la meditación; cientos de estudios clínicos han destacado sus beneficios para la salud.

La atención plena ya no es una actividad marginal sino una práctica de salud generalizada: el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido ha respaldado la terapia basada en la atención plena para la depresión. Las aplicaciones móviles han llevado las técnicas de meditación a los teléfonos inteligentes, lo que ha permitido una nueva era en la práctica meditativa.

El enfoque de la investigación sobre la meditación ha ido evolucionando en igual medida. Mirando hacia atrás, podemos identificar "olas" distintas. La primera ola, que se extendió desde aproximadamente mediados de los años 1990 hasta principios de los años 2000, evaluó el potencial clínico y terapéutico de la meditación para tratar un amplio conjunto de problemas de salud física y psicológica. La segunda ola, que comenzó a principios de los años 2000, se centró en los mecanismos de la eficacia de la atención plena, revelando por qué produce beneficios para la salud mental que a veces son comparables a los que se logran con los productos farmacéuticos.

La ciencia de la meditación está entrando ahora en una tercera ola, que explora lo que llamamos meditación avanzada: estados y etapas de práctica más profundos e intensos que a menudo requieren un entrenamiento prolongado y que se pueden experimentar a través de un dominio creciente.

Se están estableciendo programas de investigación universitaria para estudiar estos estados mentales alterados, similares a los nuevos esfuerzos académicos para investigar los méritos de las drogas psicodélicas para el bienestar personal y una variedad de afecciones médicas.

En los medios de comunicación y en el mundo académico, la meditación a menudo se considera una herramienta principalmente para controlar el estrés de la vida y el trabajo modernos. Pero nuestra investigación sugiere que puede usarse para mucho más. Aunque la meditación puede ayudar a las personas a mejorar su bienestar psicológico, también puede ser una puerta de entrada a experiencias que conducen a una profunda transformación psicológica.

Creemos que la meditación avanzada tiene implicaciones potencialmente amplias para la comprensión de las personas sobre lo que significa ser humano y para las intervenciones en pro de la salud mental y el bienestar, y por lo tanto merece la atención de la comunidad científica.

Uno de nosotros (Sacchet) lidera un esfuerzo en el Hospital General de Massachusetts y la Facultad de Medicina de Harvard, llamado Programa de Investigación de la Meditación, establecido para desarrollar una comprensión multidisciplinaria integral de los estados de meditación avanzada y las etapas de la práctica relacionadas con el bienestar y los resultados clínicos (puntos de llegada finales meditativos). Utilizamos una amplia gama de enfoques científicos de vanguardia. Nuestra intención es expandir el programa a un esfuerzo de investigación y educación mucho más grande y establecer el primer centro dedicado al estudio y entrenamiento de la meditación avanzada.

Otro esfuerzo de investigación sobre meditación avanzada se ha estado llevando a cabo en el Centro de Atención Plena de la Universidad de Brown (dirigido por Brewer). Los científicos allí han descubierto firmas de actividad cerebral durante varias formas de meditación utilizadas en el budismo tibetano que pueden producir sensaciones de atemporalidad y estados de consciencia elevada. También se están realizando investigaciones sobre meditación avanzada en otros lugares y se espera que crezcan rápidamente en los próximos años.

Todas estas investigaciones prometen ayudarnos a encontrar nuevas formas de entrenar a las personas en meditación avanzada. Prevemos desarrollar programas específicos que aprovechen los conocimientos de la ciencia de la meditación avanzada para entrenar directamente a personas con ciertos diagnósticos clínicos. Estos programas podrían ofrecer nuevas vías terapéuticas para tratar ciclos persistentes de pensamientos negativos en pacientes con depresión mayor o la preocupación crónica que caracteriza al trastorno de ansiedad generalizada. La idea no es sólo controlar los síntomas, sino fomentar una sensación de bienestar profundo y generalizado que afecte a todos los aspectos de la vida de un practicante.

Nuestros hallazgos están empezando a informar modelos de cómo la meditación avanzada afecta y cambia el cerebro, allanando el camino para una comprensión más integral de estas prácticas. Con el tiempo, nuestra investigación puede conducir a una nueva generación de intervenciones de salud mental que podrían ser tan simples como un conjunto de instrucciones verbales o tan sofisticadas tecnológicamente como la neurofeedback o la estimulación cerebral.


La meditación avanzada se presta al estudio científico empírico moderno por varias razones, una de las cuales es la sólida base de investigación proporcionada por décadas de estudios de las olas anteriores. Esta investigación incluyó intentos iniciales de caracterizar la actividad cerebral de meditadores experimentados. Se pueden ver ejemplos notables en el trabajo seminal de los equipos dirigidos por Richard Davidson de la Universidad de Wisconsin-Madison y Sara Lazar de Massachusetts General y la Facultad de Medicina de Harvard. Su trabajo con meditadores de largo plazo incluyó electroencefalografía (EEG) y el primer estudio de imágenes por resonancia magnética de la actividad cerebral en dichos practicantes. Sin embargo, una limitación importante de esta investigación temprana fue que no exploró las ricas descripciones de primera mano de lo que las personas experimentan durante la meditación avanzada, que abarca estados mentales en los que la conciencia [habitual] misma puede desaparecer.

La última ola de investigación coincide con un aumento más amplio del interés en los estados alterados de conciencia, incluidos los estudiados en la investigación psicodélica. Desde una perspectiva técnica, el estudio de la meditación avanzada se ha visto facilitado por el reconocimiento de que ciertos estados alterados pueden ser inducidos a voluntad por practicantes expertos. La meditación avanzada, que antes se consideraba algo marginal en el ámbito científico, ha hecho posible ahora comprender científicamente prácticas que antes estaban limitadas a monjes y místicos.

Nuestro equipo en el Massachusetts General y el Programa de Investigación de la Meditación de Harvard ha comenzado a integrar la meditación avanzada en paradigmas experimentales rigurosos utilizando métodos de vanguardia como la neuroimagen. Estudiar la actividad neuronal de los practicantes en estados meditativos profundos es importante, porque proporciona evidencia de la existencia biológica de estos estados, un primer paso hacia la comprensión y el acceso generalizado a la meditación avanzada y sus beneficios.

Por citar un ejemplo, nuestro grupo en Harvard realizó recientemente un estudio sobre las experiencias y los fundamentos neurocientíficos de lo que hemos clasificado como meditación de absorción concentrada avanzada (ACAM), una forma de la cual es el jhana del budismo Theravada. Los practicantes de jhana informan de una calma sin trabas, claridad mental y autotrascendencia (ir más allá del concepto del yo y percibir límites cada vez más reducidos entre uno mismo y los demás). También marcan el comienzo de una consciencia abierta, un estado mental que es receptivo, adaptable y que acepta perspectivas más allá de la narrativa existente que da forma a cómo alguien ve el mundo.

Para investigar estos estados, utilizamos una potente máquina de resonancia magnética de siete teslas en el Massachusetts General, una novedad en la investigación de la meditación. La resonancia magnética de siete teslas nos permite mapear todo el cerebro en alta resolución. Su imagen cerebral profunda se extiende al tronco encefálico y al cerebelo, áreas cruciales para el funcionamiento mental y fisiológico saludable, que son difíciles de estudiar con la resonancia magnética convencional a intensidades de campo magnético más bajas. La actividad del tronco encefálico, que controla la respiración y la frecuencia cardíaca, es un requisito previo para la consciencia y el estado de alerta, por lo que fue un objetivo principal de nuestro trabajo.

Nuestro objetivo era crear un mapa detallado de la actividad del cerebro durante la ACAM y vincularlo con las experiencias relatadas por el meditador. Realizamos un estudio de caso intensivo de ACAM que abarcó 27 períodos de recopilación de datos de resonancia magnética que se completaron en el transcurso de cinco días. El estudio de caso fue de un meditador que tenía más de 25 años de experiencia con ACAM y había completado más de 20.000 horas de meditación. Identificamos patrones distintivos de actividad cerebral en las regiones de la corteza, la subcorteza, el tronco encefálico y el cerebelo que estaban activas durante la ACAM.

Además, observamos correlaciones entre la actividad cerebral y ciertas cualidades de la ACAM relacionadas con la atención, la alegría, la tranquilidad mental, la ecuanimidad, el procesamiento narrativo (la organización de la información en una historia estructurada) y la ausencia de formas [mentales] (en la que la sensación de habitar el cuerpo desaparece por completo). También destacamos la naturaleza distinta de la actividad cerebral durante la ACAM en comparación con la de varios estados no meditativos. Descubrimos que los patrones de actividad local en las regiones cerebrales eran únicos durante la meditación de absorción concentrada avanzada y que eran diferentes de los que observamos durante los estados ordinarios de conciencia.

Después de un evento de cese, el practicante experimenta un cambio profundo en la perspectiva mental y el bienestar, que incluye una claridad mental profunda y una sensación de renovación.

En otro estudio, realizado en el Centro de Meditación de la Universidad de Massachusetts, los investigadores emplearon EEG para investigar a 30 meditadores avanzados que utilizaban prácticas de la tradición budista tibetana. Cuatro estados avanzados de meditación se caracterizaban por la autotrascendencia, la vacuidad (un estado de consciencia más allá del patrón constante de palabras de la mente) y la compasión. Este estudio, en el que Brewer fue el investigador principal, es importante en parte porque estas características están asociadas con el bienestar psicológico, y se ven alteradas en personas con ciertas enfermedades mentales. Los resultados indicaron que la densidad de las corrientes de EEG era menor durante la meditación avanzada. Este efecto fue más fuerte en las regiones cerebrales involucradas en el procesamiento autorreferencial (actividades mentales relacionadas con uno mismo) y las regiones de control ejecutivo. Hay algunas pruebas de que las prácticas avanzadas de meditación pueden amortiguar los procesos autorreferenciales y reducir el enfoque de la mente en el yo.

En esta investigación, descubrimos que un estado de meditación más profundo se asociaba con aumentos de la actividad cerebral de alta frecuencia en la corteza cingulada anterior, el precúneo y el lóbulo parietal superior, y con la elevación de la onda cerebral de banda beta en la ínsula. En conjunto, estos resultados proporcionan evidencia inicial de marcadores electrofisiológicos específicos relevantes para las prácticas avanzadas. Estas firmas de actividad cerebral tienen particular relevancia para los estados no autorreferenciales que pueden alcanzar los meditadores avanzados, conocidos como estados no duales. Este estudio también es notable porque es un ejemplo de investigación sobre meditación avanzada basada en el budismo tibetano. Será un avance crucial para el campo comparar estados meditativos avanzados entre diversas tradiciones contemplativas que históricamente han estado separadas geográfica, cultural y filosóficamente.

En un tercer estudio, nuestro equipo de Harvard/Massachusetts General investigó, por primera vez, lo que se denomina eventos de cesación. Utilizamos EEG combinado con un nuevo enfoque de investigación que implica la descripción de las propias experiencias de los meditadores, con el objetivo de encontrar una firma neuronal de estas experiencias de meditación avanzada. Las cesaciones son estados radicalmente alterados que se caracterizan por una pérdida total de la consciencia [habitual]. Se cree que son el resultado de un dominio profundo de una meditación basada en la atención plena que forma parte de la tradición vipassana del budismo Theravada.

Cuando hablamos de la pérdida de la consciencia durante los eventos de cesación de la meditación avanzada, es fundamental diferenciarla de la inconsciencia causada por la anestesia, el coma (incluido el coma inducido médicamente), el trauma físico como las lesiones en la cabeza y los eventos que ocurren naturalmente, como el sueño. A diferencia de estos estados, los eventos de cesación en la meditación avanzada representan una experiencia meditativa máxima, en la que la autoconsciencia ordinaria y el procesamiento sensorial se suspenden temporalmente.

Después de un evento de cesación, el practicante experimenta un cambio profundo en la perspectiva mental y el bienestar, que incluye una claridad mental profunda y una sensación de renovación. En el budismo Theravada, estos eventos se conocen como nirodha y representan un importante punto final de la meditación.

Para nuestro estudio, examinamos las cesaciones experimentadas por un único meditador avanzado con más de 23.000 horas de entrenamiento en meditación. Analizamos los datos de EEG de 37 eventos de cesación registrados durante numerosas sesiones. Inmediatamente después de cada EEG, el participante calificó diferentes cualidades de las cesaciones que se habían producido. Utilizamos un enfoque único en el que vinculamos las descripciones en primera persona del practicante de la experiencia de meditación con nuestros datos objetivos de neuroimagen. Descubrimos que las firmas específicas del EEG (en particular, una llamada potencia espectral alfa y otra llamada conectividad funcional alfa) comenzaron a disminuir aproximadamente 40 segundos antes de una cesación y volvieron a la normalidad unos 40 segundos después de que terminara.

Los niveles más bajos de poder alfa y conectividad se dieron inmediatamente antes y después de la cesación. Los resultados de este estudio son consistentes con la sugerencia de que este tipo de meditación disminuye el procesamiento predictivo jerárquico, es decir, la tendencia de la mente a predecir y clasificar las narrativas y creencias relacionadas con uno mismo.

El proceso de cesación puede, en última instancia, resultar en la ausencia de consciencia y el surgimiento de una forma de consciencia y pensamiento profundamente presente, que acepta todo lo que surge, ya sea positivo o negativo. Nuestros hallazgos proporcionan una visión preliminar de los mecanismos subyacentes a la capacidad altamente inusual de inducir un lapso momentáneo de consciencia durante las cesaciones, lo que sugiere que implica cambios mensurables en la actividad cerebral.

Al igual que los psicodélicos, la meditación avanzada a veces se relaciona con trastornos psicológicos desafiantes, por lo que debe practicarse junto con la guía de practicantes debidamente capacitados. Las incursiones iniciales en la ciencia de la meditación avanzada que hemos descrito aquí sientan las bases para una mayor investigación. Uno de nuestros objetivos es lograr una comprensión científica que facilite una accesibilidad más amplia a estas prácticas. Al igual que las formas más simples de meditación de atención plena, la meditación avanzada se puede practicar en diversos entornos, sentado en el suelo o en una silla, con los ojos abiertos o cerrados.

La meditación avanzada es muy prometedora para apoyar el bienestar tanto en entornos clínicos como no médicos. Este dominio de la meditación tiene el potencial de reducir enormemente o alterar de otro modo el pensamiento narrativo y autorreferencial, mejorar la atención y fomentar sentimientos de alegría y satisfacción autogenerados, mucho más allá de lo que se entiende actualmente en el dominio de la investigación y la práctica de la “atención plena”, cualidades que a menudo son difíciles de alcanzar para las personas con problemas de salud mental. La meditación consciente ha ayudado a millones de personas, pero la investigación avanzada sobre meditación podría revolucionar el campo de la salud mental, ofreciendo vías completamente nuevas para el tratamiento de trastornos psiquiátricos y, en términos más generales, fomentando una sensación de bienestar.

Cada vez hay más pruebas de la eficacia de los psicodélicos como tratamiento para algunas afecciones psiquiátricas, especialmente la depresión y el trastorno de estrés postraumático. Creemos que las personas pueden lograr avances similares mediante la meditación. Las investigaciones futuras podrían beneficiarse del examen de cómo se relacionan la ACAM y otras formas de estados meditativos avanzados con las experiencias psicodélicas y cómo pueden ayudar de manera similar a aliviar los síntomas de la psicopatología.

Las intervenciones de meditación avanzada podrían integrarse con técnicas establecidas basadas en la atención plena, terapias novedosas basadas en la meditación y tecnologías innovadoras diseñadas para modular redes neuronales específicas a través de neurofeedback y estimulación cerebral. Estos métodos pueden hacer posible que las personas tengan la experiencia de un estado meditativo avanzado sin someterse a un entrenamiento extenso.

Por lo tanto, la meditación avanzada ofrece oportunidades significativas y sin explotar para disminuir el sufrimiento y ayudar a las personas a prosperar. Incluso puede proporcionar una puerta de entrada a formas completamente nuevas de comprender nuestra humanidad básica.

A medida que el interés por la meditación continúa creciendo, también lo hace el potencial para explorar su espectro completo de posibilidades para mejorar la salud mental y física de las personas y la sociedad. Nuestro trabajo en la nueva ola de investigación de la meditación avanzada no trata solo de lidiar con el estrés de la vida moderna. Podría mejorar nuestra comprensión y enfoque de la mente, la salud mental y el bienestar, permitiéndonos a todos llevar una vida más plena, compasiva e “iluminada”.

MATTHEW D. SACCHET es profesor asociado y director del Programa de Investigación de Meditación en la Facultad de Medicina de Harvard y el Hospital General de Massachusetts.

JUDSON A. BREWER es profesor y director de investigación e innovación en el Centro de Atención Plena de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Brown.

Publicado el 25 de Junio en:

https://www.scientificamerican.com/article/advanced-meditation-alters-consciousness-and-our-basic-sense-of-self/

Traducido del artículo original en idioma inglés por Juan José Bustamante. Las palabras entre corchetes son nuestras.

domingo, 28 de diciembre de 2014

LECCIONES SOBRE LA FELICIDAD DEL HOMBRE MÁS FELIZ DEL MUNDO


Investigadores de la Universidad de Wisconsin han apodado el monje francés del budismo tibetano y genetista molecular Matthieu Ricard “el hombre más feliz del mundo”. Durante la última década más o menos, a instancias del Dalai Lama y neurocientíficos destacados en el campo de la neuroplasticidad, Ricard se ha unido junto con muchos otros practicantes de meditación avanzados a la investigación sobre el efecto en el cerebro del entrenamiento mental y la meditación.

También meditadores “novatos” han participado en esos estudios comprometiéndose a un relativamente modesto compromiso de tiempo de 30 minutos de meditación al día durante tres meses.

En ambos casos, los resultados del estudio han indicado que la meditación regular puede producir cambios en la función y estructura del cerebro cualquier persona, lo que es un descubrimiento alentador en sí mismo.

Sin embargo, lo que hace que el caso particular de Ricard más notable es que cuando los investigadores conectaron 256 sensores sobre su cráneo mientras él practicaba la meditación de compasión, se mostró un mayor nivel de rayos gamma que nunca se había registrado antes –que estaba asociado a la atención, el aprendizaje y la memoria, y a la consciencia. Además, imágenes por resonancia magnética revelaron que Ricard experimentó niveles extremadamente altos de emociones positivas y un nivel insignificante de emociones negativas.

Así que tal vez vale la pena escuchar a Ricard, que se formó como biólogo celular en Francia, luego se trasladó a la cordillera del Himalaya en 1972 para estudiar el budismo, y ver qué tiene que decir sobre el tema de la felicidad.

1. La felicidad es un trabajo interno. Según Ricard, “La felicidad es un estado de plenitud interior, no la satisfacción de los deseos inagotables de las cosas externas”. En otras palabras, no es la casa, el coche, o la relación perfecta lo que produce la verdadera felicidad. Incluso si tales situaciones producen un placer momentáneo, en algún momento las cosas podrían cambiar, haciéndola una situación precaria por cierto. Como explica Ricard, “Si se permite que las circunstancias exteriores determinen nuestro estado de ánimo, entonces por supuesto que se va a sufrir; uno se  vuelve como una esponja, o como un camaleón”.

2. La felicidad también puede abarcar otras emociones que comúnmente asociamos con molestias, como por ejemplo la tristeza y la compasión (acompañar a otros en su padecimiento para darles paz –Dar paz da felicidad). Ricard cree que la verdadera felicidad depende en gran medida del desarrollo de la paz y la fuerza interior, el amor altruista, y la paciencia. Como resultado de ello, vamos a estar más en sintonía con las necesidades apremiantes de las otras personas. “La tristeza no es incompatible con la felicidad, porque la felicidad es un sentimiento complejo, no es sólo una sensación agradable. La tristeza puede ayudar a sentir  compasión. Incluso cuando se está triste por la situación de otras personas, se puede seguir haciendo cosas maravillosas por ellas”.

3. La felicidad puede ser nutrida mediante el no enredarse con nuestras propias emociones tóxicas. Ricard dice: “La ira es una emoción destructiva, que nos reduce a ser como títeres de ella”. En lugar de identificarse con la ira, debemos reconocer que no somos la ira, así como sabemos que las nubes no son el cielo. “No sólo se debe suprimir el enojo, pues si lo hacemos nos convertiremos en una bomba de tiempo. En vez de eso, le ponemos atención a la ira –o a cualquier emoción destructiva­– y relajándonos dejamos que se desvanezca. Cuando se deja de alimentar un fuego, éste se apaga lentamente”.

4. La felicidad puede ser desarrollada a través de la meditación y el entrenamiento mental. Junto con muchos otros investigadores en el campo de la neuroplasticidad (el estudio de cómo el cerebro tiene la capacidad de cambiar toda la vida, basado en la observación científica de las experiencias y el comportamiento humano), Ricard cree que cualquiera puede entrenarse hacia una mayor felicidad a través de la meditación: “La meditación no es sólo sentarse a buscar un poco de alivio. Cambia completamente tu cerebro”. Sin embargo, dice Ricard, “La felicidad es una habilidad que requiere tiempo y esfuerzo”. Él recomienda varias maneras de entrenar la mente, como por ejemplo la meditación de reducción del estrés basado en la atención, un curso que ahora se enseña en todo el mundo.

5. La felicidad se encuentra a través de ayudar a los otros. Ricard reconoce que nuestra felicidad no es inmune a los acontecimientos externos, pero la verdadera felicidad nos permite responder de manera efectiva. “A diferencia del placer, la felicidad genuina puede estar influida por las circunstancias, pero no depende de ella. En realidad, nos da los recursos internos para afrontar mejor esas circunstancias. “No estamos desconectados de la realidad meditando un rato en alguna montaña (o en nuestra sala), alejados de los acontecimientos del mundo. En cambio, si está profundamente arraigada en la realidad de todos los días, la felicidad durable nos mueve a actuar y a tomar las medidas adecuadas. Dice Ricard, “La razón última de la meditación es transformarnos a nosotros mismos con el fin de ser más capaces de transformar el mundo”.

Traducido del artículo “Lessons from the happiest man on earth” de la Psicóloga Rachel Fintzy, MA, MFT, publicado en la página de Psicología psychcentral.com

domingo, 27 de octubre de 2013

INTELIGENCIA EMOCIONAL-ESPIRITUAL




La inteligencia espiritual es la que confiere satisfacción en la vida, con métodos para resolver problemas significativos y de valor, y tiene el poder de transformar al yo y a los otros.



Las cualidades espirituales serían entender el significado de la vida, tener una actitud más positiva, tener experiencias frecuentes de paz, amor, y felicidad, lo que lleva a una buena auto-estima, a pensar creativamente y ser proclive a la adaptación. Las acciones tienden a ser guiadas por valores.

La inteligencia ya no se considera una propiedad unitaria, sino un concepto que se manifiesta de distintas formas. Se habla de inteligencia racional –que incluye las habilidades lingüísticas y matemáticas–, de inteligencia emocional –que se relaciona con la capacidad de sentir empatía y solidaridad–, pero sólo recientemente, la ciencia ha podido examinar evidencias que sugieren la posesión de una “inteligencia espiritual”. Y ésta se refiere a la percepción, aparentemente inherente, de que existe una realidad trascendental o alternativa que enriquece la condición de nuestra realidad física y limitada.



El IQ es el cociente de inteligencia al que se sigue dando un valor determinante. Si bien puede tener una relación con la capacidad de resolver problemas, no alcanza por sí solo a describir la complejidad de otras habilidades que también son necesarias para determinar nuestro éxito o satisfacción vital interna y frente a los demás.



En 1983, Howard Gardner, psicólogo de la Universidad de Harvard, desarrolló la teoría de las “inteligencias múltiples”, entre las cuales incluye la inteligencia interpersonal y la intrapersonal –la primera, concerniente a la capacidad de entender las intenciones, motivaciones y deseos de otros, y la segunda, de comprender los sentimientos, miedos y motivaciones de uno mismo.



En 1995, el psicólogo Daniel Goleman popularizó el concepto de “inteligencia emocional”, como una serie de competencias y habilidades como la autoconciencia, el autocontrol y la adaptación, la conciencia social y el manejo de relaciones interpersonales. Personas con un coeficiente emocional elevado se relacionan mejor con los demás, cuentan con una alta autoestima y responden de manera adecuada ante situaciones difíciles.



La espiritualidad



El término espiritualidad proviene de la raíz latina spiritus, que significa “aliento”, en referencia al aliento de vida. Se vincula con abrir el corazón y cultivar la capacidad de experimentar asombro, reverencia y gratitud. Es la habilidad de encontrar lo sagrado en lo ordinario, de sentir el significado de la vida, conocer la pasión de la existencia y subyugarse ante algo superior. Su propósito es despertar la compasión y tiene efectos de una buena salud mental.



A pesar de sus semejanzas, la espiritualidad no se condiciona a practicar religión alguna o tener una creencia en particular. Es un sentimiento o estado mental intensamente personal. La espiritualidad puede expresarse de formas diversas.



Hasta hace muy poco tiempo, la investigación formal de la espiritualidad, con bases científicas, se consideraba imposible e inútil.



El reto científico consiste en lograr que la tecnología compruebe una relación entre las funciones cerebrales y espiritualidad, puesto que ya se había constatado estas experiencias entre los diversos grupos humanos y apuntaba a la existencia de una base inherente y no aprendida para la espiritualidad, como parte de la naturaleza humana, lo que implicaba que estas vivencias debían ser parte de nuestra actividad intelectual.



Inteligencia Espiritual



En 1997, la física y filósofa Danah Zohar introdujo el término “inteligencia espiritual” SQ, considerándola la inteligencia suprema.



La idea de una inteligencia dedicada a la trascendencia recibió de inmediato oposición del sector académico, pues su estudio se consideraba imposible debido a la dificultad de cubrir los criterios científicos. El propio Gardner ha expresado que, por la problemática de sus connotaciones, sería mejor hablar de una “inteligencia existencial” que explorara la naturaleza de la existencia. Pero recientes evidencias neurológicas, psicológicas y antropológicas lo han considerado un objeto serio de estudio, y varios laboratorios han profundizado en el tema.



La inteligencia espiritual sería distintiva de los humanos. Además, resultaría ser la más fundamental, ya que estaría relacionada con la necesidad de encontrar el significado y valor de la vida.



De tal manera, la inteligencia espiritual funcionaría como un marco dentro del cual actuarían el coeficiente intelectual y la inteligencia emocional para expresar así nuestras capacidades, y mejorar nuestra vida y la de los demás. Se plantearían preguntas sobre la misión de su existencia para actuar en consecuencia.



Por fin, a finales del siglo XX y comienzos del XXI, se dieron las condiciones científicas de laboratorio para poder tener acceso a este enigma.



Hoy en día, los investigadores cuentan con herramientas como la resonancia magnética funcional, la tomografía por emisión de positrones y otros equipos de investigación con los que examinan el cerebro de personas comunes, monjes y religiosas, en busca de las bases fisiológicas de las experiencias espirituales.



En primer lugar, se ha descubierto que la sensación espiritual de comunión con un ser superior no corresponde, como se pensaba, a una región específica del cerebro.



Una investigación realizada en 2006 por el neurocientífico Mario Beauregard, de la Universidad de Montreal, en Canadá, describió la participación y activación de varias regiones cerebrales, relacionadas con diferentes funciones, como la autoconciencia, la emoción y nuestra representación física.



Para efectuar el análisis, su equipo hizo la resonancia magnética del cerebro de 15 monjas carmelitas, a quienes se pidió que revivieran la experiencia mística más intensa que hubieran vivido.



El estudio de Beauregard encontró que la experiencia espiritual activaba más de una docena de diferentes áreas del cerebro a la vez. A pesar de las críticas de algunos colegas, Beauregard no es el primero en esta reciente rama de su especialidad, bautizada como “neurociencia mística” o “neuroteología”. Otro investigador, Richard Davidson, del Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin (EU), y especialista en el estudio de la relación entre cerebro y emociones, ha tenido resultados similares al observar, también con técnicas de neuroimagen, el cerebro de monjes budistas en meditación al enfocarse en el sentimiento de compasión. Los cambios cerebrales examinados parecen sugerir que esta práctica produce indicadores de un estado de elevado bienestar.



Además de Davidson, Alan Newberg, de la Universidad de Pennsylvania (EU), realizó estudios en los que registró cambios en la actividad neuronal de monjes budistas durante un ejercicio de meditación. Sus experimentos indicaron que, mientras tenían la experiencia de “unidad con toda la creación”, se observaban cambios significativos en las áreas frontales, parietales y en regiones subcorticales del cerebro, como la amígdala, lo que sugiere que la experiencia espiritual podría correlacionarse directamente con procesos neuronales de determinadas estructuras cerebrales.



Iguales cambios se observaron en religiosas franciscanas durante su oración, aunque ellas describían el momento como una sensación de cercanía y unión con Dios. Más allá de las interpretaciones personales, vinculadas directamente con las distintas creencias, el hecho que ha llamado la atención es que la experiencia mística es observable, y que es biológica y científicamente comprobable.



En general, las características que se han encontrado durante estos estados son una activación en los lóbulos frontales y el sistema límbico. Los primeros son el sitio de la atención y la concentración, y generan nuestro sentido de “yo”, por lo que al alterar su funcionamiento se percibe una “disolución del ego”. El sistema límbico se vincula con los sentimientos afectivos. Se ha observado también una “desconexión” del lóbulo parietal, que maneja la orientación espaciotemporal, lo que parece crear la sensación de fusión con el Universo.



Cambios benéficos por la Meditación



Otros sorprendentes descubrimientos han encontrado que las modificaciones a nivel cerebral también se traducen en cambios físicos. Por ejemplo, rituales como la oración, la meditación, y conductas repetitivas como el baile o el canto ceremonial, pueden tener efectos sobre el sistema límbico y el sistema autónomo, pues participan en la creación de la emoción y el estado anímico, al tiempo que pueden impulsar los ritmos corticales y producir sentimientos inefables e intensamente placenteros. Además, al combinarse con otras actividades (como el ayuno, la hiperventilación o la inhalación de incienso), esta estimulación multisensorial puede afectar la fisiología del cuerpo hasta conducir a estados mentales alterados positivos.



Hace algunos años, la neurocientífica Sara Lazar y sus colegas de la Universidad de Harvard encontraron que 20 monjes budistas expertos en meditación tenían un mayor grosor en algunas regiones cerebrales, en comparación con 15 voluntarios que no practicaban meditación. En particular, la corteza prefrontal y la ínsula anterior derecha presentaban más espesor en los practicantes de meditación y, curiosamente, el mayor incremento se encontró en los sujetos de mayor edad, en contraposición a lo que sucede durante el proceso natural de envejecimiento, en el que estas áreas cerebrales van adelgazándose.



Y un estudio reciente, del investigador Yi-Yuan Tang, de China, respalda que no es necesario ser un monje experimentado para obtener este tipo de beneficios. De acuerdo con sus resultados, bastaron 20 minutos diarios de practicar una técnica de meditación china llamada “integración de mente y cuerpo”, para tener un mejor estado anímico y conseguir mejores resultados en pruebas de atención. También observó que el organismo producía menos cortisol, la hormona indicadora de estrés.



Lo social



La omnipresencia de la espiritualidad podría estar fundamentada en los hallazgos recientes de un par de investigaciones realizadas por el neurocientífico Jordan Grafman, de los Institutos Nacionales de Salud, en EU, quien piensa que los orígenes de la creencia en lo divino están relacionados con mecanismos que evolucionaron para ayudar a los primates a “sintonizarse” (o desarrollar empatía) con los integrantes de su grupo social, así como con otros animales, y que los humanos los utilizan para explicarse algunos fenómenos incomprensibles del mundo natural.



En otras palabras, la evolución nos dotó de un proceso neurológico que nos permite trascender la existencia material para reconocer y conectarnos con una parte más profunda de nosotros mismos, que se percibe como una realidad absoluta y universal que nos une a todo lo que existe.



Otra línea de investigación ha sido abierta a través del estudio de la epilepsia, una enfermedad crónica caracterizada por uno o varios trastornos neurológicos que deja una predisposición en el cerebro para generar convulsiones recurrentes. Una cuarta parte de las personas que padecen esta enfermedad que afecta los lóbulos temporales, suele tener estas experiencias antes de sufrir una convulsión. El connotado neurocientífico Vilayanur Ramachandran, de la Universidad de California en San Diego, encontró evidencias de que una mayor actividad en los lóbulos temporales del cerebro podría relacionarse con una alta propensión a albergar creencias místicas y religiosas. Quizá de ahí nació la frase de Fiódor Dostoievski, quien sufría epilepsia, en su libro El Idiota: “Fui tocado por Dios…”



Sin duda, una sensación similar a la que consiguió generar en sus pacientes Michael Persinger, especialista en neurociencias de la conducta, quien adaptó un casco como aparato experimental –conocido por la prensa como el “casco de Dios”–, el cual estimula selectivamente, mediante un campo electromagnético, los lóbulos temporales izquierdo y derecho, induciendo la sensación de una revelación mística.



La trascendencia



Al igual que la sensación de espiritualidad, el concepto de Dios, de una u otra forma aparece en casi todas las culturas. Una posible razón sería que, al constituir la única especie capaz de contemplar su propia muerte, necesitamos algo superior a nosotros mismos para hacer tolerable esa certeza. Desafortunadamente, el doloroso hecho de prever nuestra desaparición individual es un precio que tenemos que pagar por nuestro desarrollado lóbulo frontal.



En cuanto a los resultados de los estudios, todavía hay muchas incógnitas. Aunque algunos científicos indican que Dios no existe como algo externo e independiente de nosotros, sino que es producto de una percepción inherente; la manifestación de una adaptación evolutiva que existe exclusivamente dentro del cerebro humano. Para otros, incluido Beauregard, se trata de un Ser Supremo que nos proveyó de una especie de “antena receptora” en el cerebro para captar su presencia.



¿Será Dios una percepción generada por el cerebro; o bien, estará este órgano nuestro dotado de circuitos que le permiten experimentar la realidad de Dios? Probablemente la ciencia nunca llegue a responder esta pregunta. Lo que sí parece sugerir es que los humanos tenemos ya dispuesto cierto “cableado”, o conexiones neuronales que, con ciertas conductas asociadas a la espiritualidad, como la oración, la meditación, el yoga o los cantos, nos hacen evocar percepciones y sensaciones interpretadas, por la mayoría de los integrantes de todas las culturas, como la evidencia de una realidad divina, espiritual y trascendental.



Alguna vez el físico Albert Einstein describió una vivencia que evidenciaba el buen aprovechamiento de su inteligencia espiritual: “Existen momentos en los que uno se siente libre de las propias limitaciones humanas. En esos momentos, uno se imagina parado en una pequeña parte del planeta, observando con asombro la fría, pero profundamente conmovedora belleza de lo eterno, en donde fluyen vida y muerte en un solo cauce, y donde no hay evolución ni destino… sólo ser”.

Adaptado de CNN-Expansion.com